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Blog de Emebol

Todo bajo control Hace mas de un año

Hay expresiones que pintan por entero el estado de ánimo del interlocutor; en lugar de preguntar cómo estás, hoy se pregunta ¿todo bien? y la respuesta inmediata es “todo bajo control”.

Esa expresión no puede salir de los labios de los dirigentes de la COB ni de los ejecutivos del Gobierno. A los primeros se les escaparon las bases y a los segundos el control de todas las entidades incluida la COB, en algún momento afín al Gobierno bajo la conducción de Pedro Montes.

Los actuales ejecutivos de la COB tuvieron que ir hasta La Apacheta para pedir un cuarto intermedio a los maestros, porque las negociaciones “estaban en camino”, éstos siguieron la sugerencia un par de horas y luego todo volvió al estado anterior, es que día a día y medida tras medida los dirigentes perdieron el control de la carroza. “Primero ustedes, luego nosotros, den el ejemplo y les seguimos”, les dijeron los dirigentes del magisterio al inicio de las movilizaciones, luego llegaron las informaciones, no desmentidas de los jugosos salarios en Huanuni y lo que percibían algunos dirigentes mineros.

Conclusión: no todo está bajo control y los dirigentes reciben miradas de desconfianza.

Por el otro lado, el Gobierno se dio cuenta que los favores, algunos beneficios y guiñadas de ojo satisfacen momentáneamente, pero no siempre. Le pasó con la COB, ahora le pasa con los policías y luego seguirán otros sectores porque no hay dinero que alcance para satisfacer a todos. Para colmo de males, el conductor de la nave del Estado no afronta los problemas prioritarios, delega responsabilidades y prefiere los discursos en plazas donde abundan los aplausos.

La austeridad en tiempos de bonanza y de “vacas flacas”, es buena consejera. El Presidente puede y debe pedir a sólo 1.300 militares que se jubile como el resto, puede limitar sus viajes y otros gastos como signo de austeridad; como correlato, puede exigir a los mineros, así se esté en periodo de bonanza, que sean medidos en sus exigencias, porque el dinero hay que guardar para las generaciones que vienen y para periodos de limitaciones, eso hace cualquier cabeza de familia responsable.

Tal vez le convenga al Gobierno dedicarse un poco más a la nave del Estado, tomar control de todos los sectores, para evitar que los pedidos y la bronca se acrecienten, es que los humanos siempre guardamos en nuestro interior un velo de codicia que nos mueve a pedir más de los que necesitamos y casi nunca estamos satisfechos. No siempre se concede al hijo todo lo que este pide, pero sí es necesario garantizarle lo mínimo para vivir decentemente; la jubilación digna ingresa en este rubro de exigencia que debe ser atendida.
Ernesto Murillo Estrada

 

Hemos venido de lejos Hace mas de un año

La canción que interpreta Savia Nueva y que en algún momento provocó gestos de adhesión y no pocos nudos en la garganta, la volví a escuchar y mi interlocutor destapó una serie de calificativos contra grupos de privilegiados en el país.

“En las calles, en las plazas, encontrarán nuestros pechos, hemos venido de lejos a exigir nuestros derechos…”, dice una de las estrofas de la canción “Los mineros volveremos”. Algunos aprendimos estos versos en las aulas de la universidad, otros en los encuentros de jóvenes que quieren una sociedad más justa y los más, los escucharon en radios que buscan la reflexión y no aturden con música ‘chicha’.

En el discurso del 1º de mayo, el Presidente mando a aplaudir a la concurrencia a los petroleros y mineros, según él, los “sectores productivos del país”. Los otros, los que enseñan en las aulas de escuelas y universidades, los que transmiten valores a través de los medios, los que atienden en centros de salud, en horarios que no les corresponde, pertenecemos al grupo de los que tienen que aplaudir; en otras palabras somos los improductivos.

Cuando mi padre ingresó en la tercera edad y las fuerzas empezaban a abandonarle se quejaba por la errónea opción que había hecho un día al ir a las arenas del Chaco, a defender la heredad nacional, donde perdió a su hermano. “Habría sido mejor ser omiso, quedarme a estudiar, fingir una dolencia y estaría hoy mejor parado en la vida. El país paga mal y seguro que ahora  otros aprovecharán nuestros esfuerzo y nuestra sangre para decir que son los mejores del país, los productivos”, decía con resignación, pero con mucha convicción.

Los gobernantes y los jóvenes hemos olvidado a esos protagonistas, hoy los héroes de la película son otros; de pronto de acá a 20 años, el Presidente de turno mande a aplaudir a los cibernéticos del momento, a los héroes de la computadora, a los hombres de lentes gruesos y el resto de improductivos tendrá que hacerlo, porque así mandará la ecuación del momento.

Estoy convencido de que el mejor Estado es aquel que reconoce al que mejor trabaja, al que se sacrifica, al que estudia, al que se consagra, al que sabe ser previsor, al que se preocupa por la educación de sus hijos, al que antepone el bien común al particular. Esos no necesitan aplausos, ya la vida se encargará de premiarles estén frente a sus alumnos, en las bocaminas, detrás de un torno o haciendo el pan de cada día.

Si alguno se cree que tiene más derechos que otro, pronto aparecerá un tercero que antepondrá el suyo, también válido. Hacer diferencias trae problemas.
Ernesto Murillo Estrada

La pasión por escribir Hace mas de un año

Amar la profesión que se ha elegido, nos priva de muchas exquisiteces en la vida, pero nos brinda unas satisfacciones íntimas inenarrables, impagables, inconmensurables. Sólo así se puede entender por qué el médico deja una fiesta para atender al paciente, por qué el artesano no está nunca satisfecho con su obra y le da un toque más a su tarea, o el artista se entrega plenamente a su obra.

Muchas jornadas las pasé frente a la máquina de escribir y ahora frente a la computadora, como diría el Quijote “las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio”; esa es la vida del periodista. Tal vez por ello ninguno de mis tres hijos quiso elegir esta profesión; hoy les doy plenamente la razón.

El Día del periodista se celebra el 10 de mayo desde 1938 por decreto del entonces presidente Germán Busch, quien recordaba que un 10 de mayo de 1865, Mariano Melgarejo mandó a ejecutar al periodista Cirilo Barragán por un artículo que le molestó profundamente.

En esta profesión pasé por todos los peldaños que me colocó la vida, desde el reportero raso hasta la dirección de un periódico; escribí notas pobres, crónicas aceptables, posiblemente muchas mentiras, sin quererlo, pero intentando encontrar siempre la verdad, convirtiéndome en un escéptico por naturaleza, porque me parece que el hombre de hoy ha perdido el miedo a Dios, perdió el sentido de culpa y le da lo mismo decir la verdad que la mentira.

Recuerdo una pequeña historia que siempre me ha acompañado en esta profesión y que se las relató ahora: Janet Cooke, una periodista del Washington Post se guardó su lugar en la posteridad con apenas 26 años. En 1980 recibió el premio Pulitzer por su artículo “El mundo de Jimmy”, en el que daba cuenta de un menor que se inyectaba heroína con la complacencia de su madre, también adicta. Meses después, luego de que nadie pudiera dar con el supuesto “Jimmy”, Cooke debió confesar que la historia había sido puro invento, por lo que no sólo perdió el Pulitzer, sino también su trabajo. Sin embargo, ocurrió algo inesperado: en las semanas tensas que separaron la publicación del reportaje del descubrimiento de la mentira, algunos lectores se comunicaron con el periódico para decir que conocían casos similares al de “Jimmy”.

Se pueden escribir muchas cosas bellas, pero no siempre la verdad y, ese caso, como muchos otros, se han convertido en el eje de mi profesión.

Aparte de la falta de apego a la verdad por la deficiente  y maliciosa información, por la falta de investigación y por el vertiginoso acontecimiento de las noticias, en este mundo global, siento que se está perdiendo el apego a escribir bien, se hablan barbaridades frente al micrófono y los periodistas se apegan a las cosas “ruidosas”, por eso tiene éxito un tal Tinelli, para citar un solo ejemplo.

Es bello escribir, es precioso transmitir vivencias a través de las letras, pero debería ser más bello el apego a la verdad, que es en última instancia el “telos” del comunicador, el fin del que quiere transmitir algo, el objetivo del hombre íntegro.

Ernesto Murillo Estrada

Los hijos no son iguales Hace mas de un año

Me partió el alma una reflexión que más o menos decía lo siguiente: Le preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido y respondió así: El que partió, hasta que vuelva; el que está cansado, hasta que descanse; el que está con hambre, hasta que se alimente; el que está con sed, hasta que beba; el que está estudiando, hasta que aprenda; el que llora hasta que calle; el que no trabaja hasta que se emplee...

Esta reflexión no corre en nuestra vida diaria, porque en el sistema en el que vivimos hay hijos preferidos; por ejemplo, los militares que se jubilan con el cien por ciento de su último salario frente a otros que no alcanzan ni al 60%; las secretarias de Yacimientos, que pueden ganar seis o siete veces lo que gana otra secretaria que realiza la misma tarea; los llamados del sector productivo frente a los no productivos, entre los que hay que colocar a médicos, ingenieros, profesores y más.


Entonces tendremos que convertirnos todos en productivos secretarios de una entidad petrolera o abrazar la carrera militar, porque es bueno pertenecer al grupo de los hijos elegidos, que al final de su vida útil, recibirán una mayor remuneración.


La tarea del gobernante, el que está al frente de una entidad o administra una porción de Estado, debería ser el de equilibrar la balanza si es que sus predecesores cometieron una injusticia (con la disculpa de mis amigos militares o dependientes de empresas productivas).


Dar a cada cual lo que le corresponde evitará el sistema asistencialista, que acude en beneficio de quienes en los años jóvenes descuidaron su futuro y luego esperan el auxilio del otro. La relación causa – efecto actúa en todas nuestras actividades, así, el que ahorra tendrá una fuente a donde pueda acudir; el que despilfarra sentirá la necesidad, pero no por ello estará al margen de algunos beneficios, para eso está el Estado previsor, que no despilfarrará en tiempos de bonanza.


El paro movilizado que sufrimos todos, porque nos bloqueamos todos, tiene en el trasfondo este problema porque hasta el mismo Gobierno se queja de quienes ahorrando menos quieren recibir más, y los que aspiran a una digna vejez ven cómo otros tiene mucho, más trabajando igual o menos.


Está claro, que el padre Estado no ve a todos los hijos de igual manera, y a veces, magnifica las diferencias.

Ernesto Murillo Estrada

 

 

No estudié derecho Hace mas de un año

"Los que somos abogados y hemos estudiado derecho internacional público nunca habíamos escuchado hablar de los derechos expectaticios, es un concepto nuevo y la verdad es que queremos ver cuáles son los argumentos por parte de Bolivia", dijo el senador chileno Ignacio Walker a la salida de la reunión de excancilleres con el presidente Sebastián Piñera.

Me considero un hombre vulgar, de aquellos que no hemos estudiado derecho internacional público, por lo tanto un ignorante en el tema del derecho internacional y diría como Sócrates “sólo sé que nada sé”, de manera que debo aprender mucho del tal Walker y para seguir su lógica diré: Los que estudiamos filosofía, que es la base del derecho, los que pensamos en las raíces profundas de los problemas, sabemos que sólo se necesita tener dos dedos de frente para conocer las bases de las relaciones de los pueblos.

Si Walker leería un poco de lo escrito por los historiadores de su propio pueblo (ejemplo Gonzalo Bulnes), se enteraría que la avidez de sus progenitores nació en 1866 cuando: “el chileno José Santos Ossa y el acaudalado Francisco Puelma descubrieron salitre en las pampas del litoral boliviano y obtuvieron concesiones que más tarde heredó la compañía de salitre de Atacama” (sic).

Es que el tal Walker, que se encerró en una ciencia particular y no se limpió las lagañas para ver un poco más allá, no sabe que la filosofía tiene un papel histórico extraordinario, los pueblos sin filosofía viven prisioneros de un cauce histórico inmemorial. Algo que, de forma un poco exagerada, Hegel expresa diciendo que un pueblo sin filosofía es un monstruo; no es consciente de sí mismo como sujeto de la historia universal.

Indudablemente la filosofía ayuda a pensar y a estructurar el pensamiento de modo riguroso y libre. Por ello es tan importante en la educación y en la enseñanza, especialmente del Derecho, a través de una materia que como Filosofía del Derecho forja el recto pensamiento. Lamentablemente, el tal Walker debe tener sus razones para haber eludido esas clases que le habrían abreviado decir barbaridades y preciarse de su ignorancia.

Un derecho latente y que no se ha perfeccionado es un derecho expectaticio. Es como la relación acto y potencia de Aristóteles, de la rosa que está en capullo y aún no ha florecido, del derecho que le asiste a Bolivia a recuperar lo suyo, aunque por el momento no lo tiene. Mis amigos argentinos, cuando tienen un interlocutor necio, que no entiende o no quiere entender dicen: ¿te lo hago un dibujito? Tal vez convenga decirle algo parecido al senador chileno, que cree saber algo y no sabe que no sabe nada.

Decía bien Sarmiento que “el saber no ocupa espacio”, por eso no hay tiempo para aprender lo que nos presenta la vida. Hay personas que se quedan con un par de conceptos y desde su púlpito se enseñorean para luego decir: Los que hemos estudiado derecho, los que sabemos matemática, los que hemos viajado a Europa. Pobrecitos… hay que entenderlos.

Ernesto Murillo Estrada

 

El dilema del impuesto Hace mas de un año

A Jesús lo pusieron frente a un gran dilema a la hora de buscarle un grado de culpabilidad. “Es lícito pagar al César” le preguntaron. Si decía que sí, entonces sobrevenía la fácil acusación: vendido al régimen romano, predicador de palabra y no de hechos y servil al imperio. Si contestaba no, entonces se le podría acusar de atentar contra el orden que imponía Roma, de revoltoso y de alterar el orden. Su respuesta: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, le permitió salir del apuro y superar el dilema.

En el lenguaje diario tenemos permanentes dilemas, problemas que pueden resolverse a través de dos o más soluciones, pero ninguna de ellas resulta completamente aceptable.

El Gobierno se enfrenta en estos días a un dilema: debe cobrar impuestos a todos, a una mayoría, a unos pocos, a los que más tienen o a los que no se quejan. Y fijó como base de solución el capital con el que operan las personas, creyendo que así se acerca al marco de justicia.

Frente a la protesta de los carniceros, cedió, les guiñó el ojo y les dejó pasar, ahora viene el reclamo de los gremiales, más tarde de los transportistas y puede seguir la cadena.

Dos ejemplos pueden ayudar a la resolución del problema. Acostumbrado a buscar exquisiteces para la familia, decidí un domingo y luego un día ordinario comprar un sándwich de las inmediaciones del Estado Mayor. En un santiamén me prepararon los cinco sándwiches, me cobraron 50 bolivianos y no recibí ninguna factura. Entonces decidí hacer cuentas y para ello tomé apuntes otro día, intentando pasar desapercibido.

La cuenta es más o menos esta: venden 12 piernas por día, de cada una de ellas salen 80 sandwiches, de manera que en un día venden 9.600 bolivianos por día, cuando no más; y no emiten factura. Lo que equivale a decir que en un mes venden 288 mil bolivianos y en un año más o menos 500 mil dólares y no emiten factura, porque están en el régimen simplificado, es que su capital no excede los 37 mil bolivianos.

Otro ejemplo que puede aclarar el tema. Todos los días de 18.00 a 21.00 una señora muy amable junto a dos compañeras vende las llamadas ‘tripitas’ en la Plaza Alonso de Mendoza. La cuenta va así: vende cada hora aproximadamente 500 platos a cuatro bolivianos, de manera que en tres horas supera los 1.500 platos que le reportan más o menos 6.000 bolivianos diarios. En un mes embolsa 180 mil bolivianos y en un año 300 mil dólares. Pertenece al régimen simplificado. Cuando empezó traía sus productos en un taxi, luego compró un coche viejo y actualmente tiene una vagoneta envidiable. Su capital no debe superar los 10 mil bolivianos.

Mi amigo médico, el abogado, el ingeniero, el economista o el que tiene su modesta tienda, no están en el régimen simplificado, porque su capital de partida supera los 100 mil bolivianos y si no emite, factura les precintan el negocio; aunque en un año sus rentas no superan los 10 mil dólares.

No me van a decir que los amigos del Servicio de Impuestos no han comido nunca un sándwich ni tampoco una ‘tripita’, o que no usan su calculadora en horario fuera de oficina, o que usan gafas oscuras cuando pasan por los lugares citados.

La variable del capital empleado se viene abajo con estos dos ejemplos. El principio de estricta justicia nos obliga a mirar a todos por igual. Al César lo que es del César, dirá más de uno.

Es evidente que todos debemos tributar, unos más que otros, de acuerdo con sus ganancias, de acuerdo con sus ingresos y no de acuerdo al ojo de buen cubero; seguramente mis amigos lectores tendrán ejemplos muchos más claros y contundentes.

Ernesto Murillo Estrada

 

Buenos y malos vecinos Hace mas de un año

Vivimos en sociedad y tenemos que adaptarnos el entorno, de manera que ya en la escuela empezamos a tener buenos y malos amigos;  en el barrio tenemos buenos y malos vecinos y en la vida nos toca buenos y malos ccompañeros, incluido el matrimonio. Unos saludan, son afables, nos hacen un favor, parecen tener una sonrisa permanente y en el momento que aparece un problema eligen el camino de la solución.

Otros, por razones de la vida, son hoscos, poco amables, prefieren hacerse temer que querer y buscan el camino de la disputa o la controversia para imponer su supremacía. Lo propio ocurre con los países, algunos son amigables y otros no.

Cuando el presidente Morales se refería a los buenos y malos vecinos al tratar el centenario problema con Chile se refería a una actitud permanente de Chile de evitar el diálogo y dilatar la solución a un problema que compete a los dos países y al resto de naciones de América y el mundo, porque no se puede vivir en permanente estado de hostilidad.

Para no caer en un chauvinismo, ni en una interpretación parcial, decidí ocupar mi tiempo libre para revisar los prolegómenos de la Guerra del Pacífico leyendo a un autor chileno, a un defensor de los intereses del vecino país, me refiero a Gonzalo Bulnes,  quien en su libro “Gerra del pacífico, de Antofagasta a Tarapacá”, refiere entre otras cosas…

“Cuando los pueblos se emanciparon de España, sus límites no estaban bien determinados. Cuando los países se separaron de España emplearon el uti possidetis”. De acuerdo con este autor, Chile fijo límites (1842) en el paralelo de Mejillones.

El huano, fuente de riqueza de Perú, en aquellos años, avivó la codicia de unos y otros en aquel sector, de manera que empezó la pugna por aquellos territorios. “Bolivia alegaba propiedad desde el grado 26 y no desde el 23 como precisaba Chile”, siempre leyendo a Bulnes.

“El tratado de 5 de diciembre de 1872 parecía zanjar el problema, según el cual Chile vigilaba los grados 24 y 25 y Bolivia el 23 y 24; así se superaba el problema de la Aduana de Antofagasta”.

Pronto llegó la Guerra y Chile no sólo tomó Mejillones, sino toda la costa boliviana y parte del territorio peruano; de manera que no se habla de una franja que pide Bolivia, sino del territorio que le fue usurpado y reconocido por los propios escritores chilenos, aunque ellos utilizan términos más benevolentes.

Un problema que heredan los hijos debe ser superado en el ámbito de la buena vecindad, porque los padres cometen equivocaciones que deben reparar sus vástagos. Mantenerse en la tozudez, no es sólo mentirle a la historia y a los derechos de los pueblos, sino avivar un clima de mala vecindad, tan dañina en nuestros días, en los que unos necesitan de los otros y se habla de proyectos complementarios.

Bolivia, a través de una representación diplomática enviada a la Corte de La Haya exigió que Chile tenga la obligación de negociar de buena fe con nuestros país, un acuerdo pronto y efectivo, que le otorgue una salida plenamente soberana al océano Pacífico, no otra cuestión.

Ningún acuerdo posterior, llámese tratado, acuerdo o convenio, puere reparar un daño histórico. Son tiempos de diálogo, de vecindad complementaria y de razón suficiente. Siempre cabe en el hombre sensato un momento de reflexión y de reparación de los daños ocasionados al vecino.
Ernesto Murillo Estrada

 

Por qué no nos gusta leer Hace mas de un año

En los años de colegio leí por obligación, en los años jóvenes leía por pasión y ahora leo bajo el manto de la reflexión. Mi caso debe ser el de cientos de personas que en este día del Libro y los Derechos de Autor deberíamos agradecer a los que nos inculcan valores a través de sus escritos.

Me preocupo por los cientos de niños y jóvenes que no tienen acceso a la lectura por su pobreza, pero me preocupo más por los miles de universitarios y profesionales que no quieren leer, porque suponen que ya leyeron lo suficiente.

Tuve decenas de maestros y son contados los que ingresaban a las aulas con un periódico o libro propio a las aulas y como en familia abundaban las necesidades primarias y secundarias, no había dinero para un bien terciario, como es el libro.

El famoso programa de educación marca un libro por año en primaria y obras clásicas en secundaria, de manera que se sigue leyendo la Odisea, La Eneida y La Iliada, y pocos adelantados intentarán hacer leer al ‘Gabo’ o Vargas Llosa’.

“Los libros son muy caros y es preferible las fotocopias”, dicen nuestros maestros de colegio “Esos libros no los compro porque son muy caros”, reflexiona el padre de familia, aunque a la hora de pagar la docena de cervezas no pide rebaja.
Entonces, no leemos porque en la transmisión de valores de padres a hijos no está en  agenda el libro.

“Yo leo por el placer estético que me produce la poesía o la prosa que va más allá de las palabras propiamente dichas. Si el libro que leo no me seduce por ese camino, lo abandono, adiós muy buenas. Pero también entiendo a los que leen por instruirse, por distraerse, y compadezco a los que leen por obligación", dice en una entrevista el actual premio Cervantes, José Manuel Caballero Bonald, que me ahorra de más reflexiones.

Un poco tarde sentí pasión por la lectura nacional cuando me emocioné hasta las lágrimas al leer a dos Jesús Lara o pude entender a Nataniel Aguirre, Alcides Arguedas, Carlos Medinacelli, Raúl Botelho y otros bolivianos y latinos que me hicieron reflexionar seriamente sobre las lecturas que se obliga en el ciclo secundario.

En vida agradecí a mis maestros porque formaron mi conducta y me transmitieron valores, pero nunca pude agradecer a los autores de tan bellas obras que me sirven hoy de base para intentar escribir bien o aproximarme a este ideal. Es que detrás de cada libro hay un personaje que merece nuestro agradecimiento.

Ernesto Murillo Estrada

Detrás de los escritorios Hace mas de un año

Cuantas noches, a la salida de los medios de comunicación donde trabajé, me encontré con amigos, comerciantes nocturnos, personas ebrias, pero pocos o casi ningún policía; salvo el caso de contingencias sociales, ocasión en la que se les obliga a pasar la noche custodiando oficinas o empresas estatales.

Eso sí, veo muchos policías detrás de escritorios, haciendo la vida imposible de los ciudadanos que van a oficinas de Tránsito en busca de una licencia de conducir, el trámite para la compra de un vehículo, la inspección de un motorizado, o a recabar un certificado de buena conducta. Hoscos, malhumorados, responden  casi siempre con monosílabos y tratan al usuario como un ignorante que tiene la obligación de saber, por ejemplo, que para hacer un trámite (x) debe llevar una decena de documentos. Están para colocar trabas y casi nunca para orientar. Pocos son amables, diligentes y respetuosos.

Otros están en las reparticiones públicas; algunos caminan con unas grampas en la mano y demuestran gran agilidad a la hora de colocar el instrumento en una de las ruedas de un vehículo, supuestamente mal estacionado.

De esta manera a la Policía se la siente cada vez más distante de la ciudadanía. A los efectivos de esta entidad se los ve muy lejos de la población, ajenos a sus preocupaciones, de manera que cualquier profesional que luche por la buena imagen de la Policía fracasaría en su intento o debería hablar dentro esta institución más que fuera.

La situación es tal  que en los barrios se contratan a guardias de seguridad privados, lo que supone un presupuesto extra mensual porque en la ciudad no hay policías. “en el área rural, peor”, dirá mi amigo que vive en provincia.

El artículo 1 de la Ley Orgánica de la Policía señala que “la Policía Nacional es una institución fundamental del Estado que cumple funciones de carácter público, esencialmente preventivas y de auxilio…”. Por supuesto que este artículo base no se cumple, porque la sola presencia policial en los barrios, obligaría a la delincuencia, en gran parte de los casos, a desistir en su malsano propósito. Eso es prevención. Su presencia en los casos de auxilio sería inmediato y no dos o tres horas después como se denuncia en muchos casos. Sólo así la población vería cercana a su policía.

Da la impresión que la Policía no está en el lugar que le corresponde, como el empleado público que está comiendo sus salteñas mientras el usuario espera pacientemente, o el comerciante que deja la tienda para cumplir otro menester, de manera que el cliente va en busca de otra tendera.

Detrás de los escritorios (Tránsito, Identificación y otros) pueden estar muchos civiles; los uniformados tienen una gran tarea en las calles y ciudades conflictivas.
Ernesto Murillo Estrada

El perro buscando su cola Hace mas de un año

‘El dinero que tengo no llega a final de mes’. ‘Aumentaron los salarios y al mismo tiempo aumentó el precio de los productos’. Estas dos afirmaciones de hombres comunes que ganan día a día un magro salario, me recuerda la escena que me cautivó de niño: ver a mi perro dar vueltas en busca de su cola.

No todos ganan un salario en nuestro país, porque apenas el 20% está en este grupo, ya que el 80% restante está alineado en el comercio informal, pero gira en torno a los aumentos fijados por el Gobierno, para hacer subir sus precios, y no siempre en el orden del 8%.

De acuerdo con las cifras del Gobierno, el costo de vida subió en un orden del 4%, de manera que al aumentar los salarios en un 8% se le otorgan al trabajador un 4% de beneficio.

Según la oposición el costo de vida subió en un 11%, de manera que al aumentar al trabajador el 8%, no se le recompensa plenamente y en realidad pierde 3%, de manera que no se puede hablar de aumento salarial, sino de reposición salarial.

Las cifras se pueden mover de uno a otro lado. Recuerdo un gráfico del humorista argentino Basurto que más o menos decía esto: la zanahoria subió un 5%, el arroz un 3%, el azúcar un 4% y la carne un 6%; pero el tungsteno bajo en un 60%, de manera que el costo de vida bajó en el país; moraleja: comamos tungsteno.

El costo de vida lo sienten más las amas de casa y los niños; las primeras a la hora de ir al mercado porque tienen que soportar la consabida respuesta: “es que todo está subiendo casera”; el niño compra cada vez menos cosas con el peso que el papá le da cada mañana y se contenta con un par de dulces o una empanada.

Es que la subida de los precios se la siente a flor de piel, en las cosas más simples. Díganme dónde compro una botella mini de refresco a un pboliviano, dónde me hago lustrar por cincuenta centavos, o dónde compro una salteña con tres bolivianos.

No es cuestión de las políticas económicas del Gobierno, del monto de aumento, ni de las presiones del obrero para lograr un mayor incremento. Es cuestión del mercado, de la forma cómo sacamos provecho día a día de las oportunidades que se nos presentan. Hasta las revendedoras de entradas ya no quieren ganar 10 bolivianos, sino 30 ó 50.

Como el perro que busca su cola, así nos movemos mes tras mes, aumento tras aumento, en busca de que algún día el salario nos alcance hasta el fin de mes o que el dinero que se lleva al mercado nos alcance para comprar lo que buscamos. Parece que seguiremos dando vueltas hasta que ello ocurra.

A  veces pienso que es mejor que congelen los salarios y también los precios.

Ernesto Murillo Estrada

 

El niño que llevamos dentro Hace mas de un año

Los niños crecen como nosotros lo hicimos en algún momento, dejan la ropa que compramos con afán, los juguetes que en algún momento concentraban su atención, y empiezan a forjar sus propias metas, a veces distantes de las que les sugerimos; por ejemplo, en mi caso, ninguno quiso seguir la carrera de comunicador social o filósofo. Tendré que aprender esta lección.

El Día del Niño nos ayuda a reflexionar, al menos en esta jornada, a reacomodar algunas cuestiones; y es que cuando éramos pequeños queríamos ser mayores, y ahora que somos mayores, nos gustaría ser niños. Con los años, vamos acumulando experiencias y ganando serenidad, empatía y un sinfín de virtudes. Entre todas ellas, nos olvidamos de ver la vida con los ojos de un niño. Es decir, ponernos contentos sin más, estar siempre creando cosas nuevas y desear con fuerza todo aquello que queremos. Esas son realmente las reglas de un niño ¿por qué no disfrutar de vez en cuando de ese niño que llevamos dentro?

El educador Paolo Freire decía que un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea, de manera que la cátedra de enseñanza no siempre está a disposición del adulto.

Los que todos los días miramos el futuro, estamos preocupados por los bienes que poseemos y aspiramos tener, calculamos todo y pasamos raudamente el presente, deberíamos recordar  que los niños no centran su atención en el futuro porque dirigen toda su atención al momento presente, sin preocuparse por el pasado y, menos aún, por un futuro que ellos no ven. Por eso los adultos nos vemos en la necesidad de tomar decisiones más meditadas, sobre todo en los momentos de incertidumbre, pero de de vez en cuando, hay que recordar que cuando éramos jóvenes, si bien éramos impulsivos, teníamos metas, soñábamos.

Tenía razón el psicólogo Jung cuando decía que en el fondo de todo adulto yace un niño eterno, en continua formación, nunca terminado, que solicita cuidado, atención y educación constantes.Ésta es la parte de la personalidad humana que aspira a desarrollarse y a alcanzar la plenitud.

Volver a ser niño, al menos un día en el año vale la pena, compartir con el hijo y el nieto poniéndose a la altura de ellos por algunos minutos y horas, sí vale la pena, porque en el fondo todos llevamos a un niño dentro. Hoy es el Día del Niño y también es el nuestro.
Ernesto Murillo Estrada

Por cincuenta centavos más Hace mas de un año

La mayoría de los problemas los conocemos por las consecuencias y pocos por las causas. Basta preguntar a los historiadores y analistas, sobre las causas de la pérdida de nuestros territorios en la Guerra del Pacífico y  nos encontraremos con decena de causas, pero todos coincidiremos en los perjuicios que nos ocasionan la pérdida del Litoral.

Hace poco más de 16 días (los que lleva el bloqueo de la carretera a Copacabana) que los balseros y lancheros decidieron elevar el precio de los pasajes para pasar por el Estrecho de Tiquina en cincuenta centavos. Seguramente porque se avecinaba el feriado de Semana Santa y como dice el hombre común “querían salir de pobres”.

“Es que éstos no son pobres, sino todo lo contrario”, dirán los lectores. Puede ser cierto, pero el tema es que en ese momento encendieron la chispa que salpicó a los turistas, los que van de paseo y los pobladores de la provincia Manco Kapac. Unos quedaron salpicados y otros mojados.

Éstos últimos elevaron el grito al cielo, protestaron por esta avivada y sacaron sobre la mesa un antiguo pedido: la construcción del puente en Tiquina para evitar que les cobren hoy cincuenta centavos más y mañana un peso.

El resto pertenece a la serie de peticiones acostumbradas cada vez que un grupo, una región o pobladores que esperan se atienda una de sus demandas. Así llegó la petición de puentes trillizos (alguien dijo si son trillizos deben ser del MSM), luego el bloqueo, el diálogo de sordos y, finalmente, la intervención policial.

Es cierto que el Gobernador dejó crecer el problema, que el pedido resulta a primera vista descomunal y los perjudicados son miles, tanto así que en los últimos días el problema pasó a los ciudadanos paceños, porque los reclamos llegaron hasta la Plaza Murillo.

Esta madeja habría que empezar desenredando poco a poco preguntando primero a los de Tiquina si quieren el puente o es que se verían sin trabajo decenas de lancheros. También hay que preguntar si entre las prioridades de obras de inversión que tiene el Gobierno están los citados trillizos, un puente o ninguno. También se debe preguntar si todos los de la provincia Manco Kapac quieren un puente, tres puentes o ninguno, lo que equivale a decir que sólo debe existir un interlocutor válido y no dos tres o cuatro.

Este un ejemplo que muestra la falta de atención oportuna, el pedido desproporcionado y el afán megalománico que tenemos en esta parte del continente, sin saber si tenemos dinero para ello o si simplemente responde a una de las necesidades de la sociedad. Habría que empezar por el tema de los balseros y lancheros y si se puede, habrá que eliminar el monopolio. Es que todo empezó por cincuenta centavos más como cuando el niño pide unos centavos al padre de familia para unas fotocopias y ante la falta de atención deja de ir a la escuela.
Lic. Ernesto Murillo Estrada

Presentación Hace mas de un año

Cómo ser al mismo tiempo, ameno, realista y novedoso a la hora de redactar una noticia. Esas tres lanzas apuntaron al pecho de este periodista a lo largo de tres décadas de trabajo, detrás de una máquina de escribir y luego una computadora.

No quiero recordar mis errores, pero las circunstancias me obligan a mirar atrás para no tropezar en esas piedras. Es que siempre me interesó llegar al hombre, que no es un animal racional, es, de alguna manera, un animal poético. El hombre no es sólo un ser inteligente, es también un ser sensible. Es razón, inteligencia, voluntad, instinto, afecto, sensibilidad.

A este hombre traté de escribirle primero como periodista deportivo, luego como editor y director de un medio y, finalmente decidí soltar las cadenas, para trabajar en un proyecto personal.

Unir todos los géneros en una página digital es difícil, pero al menos habrá que morir en el intento, porque me enseñaron que un buen articulista es un hombre culto, pero no abruma al lector con su cultura. Un buen narrador sabe contar y escribe bellas crónicas, aunque no siempre tiene la inspiración deseada.

Un medio de comunicación debe ser ameno, que en otras palabras es agradable y para ello habrá que tener gracia en la narrativa. Ser realista no quiere decir que se destierra el idealismo, porque idealistas somos todos, unos más y otros menos; realista quiere decir llamar a las cosas por su nombre, respetando al otro.

Finalmente, un medio debe ser novedoso, porque estamos en una sociedad vertiginosa, donde todo pasa y queda. No siempre se habla de cosas nuevas, pero se trata de abordar novedosamente cualquier tema.

Para poner el sello en esta página coloqué las iniciales de mi nombre y apellidos, porque la educación que tengo me legaron mis progenitores y el apocopé bol me recuerda mis raíces eternamente, porque nací en esta tierra.

Emebol.com es, finalmente, una página al servicio de la comunidad, porque la vida me dio mucho y es hora de pagar la deuda diariamente.

Lic. Ernesto Murillo Estrada