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Blog de Emebol

Protegidos por alguien Hace mas de un año

Privado de libertad en un santiamén, el joven periodista del matutino El Diario se pregunta todavía cuál fue su delito para perder su libertad y por qué la justicia (en este caso juez y fiscal) obraron con tanta celeridad, cuando la queja habitual en el país es la retardación de justicia.

Indudablemente, juez y fiscal, quienes atendieron el caso, dieron pruebas elocuentes de ignorar el derecho; en tanto, la opinión pública se pregunta, ¿por qué han sido honrados con esos cargos?. Estos representantes de la justicia son un peligro para la sociedad porque ponen en duda la imparcialidad en sus actos, una cuestión esencial en materia de derecho.

Decía bien Santo Tomás en la argumentación de sus casos, que cuando alguien va contra el recto razonamiento y el derecho, es incomprensible su actitud "salvo que se declare previamente loco".

No se trata de locura sino de algo coherente. Cuando alguien va contra corriente, contra el recto razonamiento, contra el derecho de las personas, no es que esté loco, sino lo suficientemente protegido como  para cometer esa locura. Es que el que comete esa enajenación tiene bien protegidas las espaldas o alguien que está por encima de él le ha dado la instrucción, ya que pese a lo que haga "no le va a pasar nada".

En una situación de flagrante desigualdad, no hay nada más injusto y peligroso que la libertad. Sin equidad, sin árbitro, sin reglas, la libertad es pura barbarie. Juez y fiscal obraron de la forma más draconiana posible, sin esperar razones ni descargos y con argumentos fácilmente rebatibles en nombre de la libertad de sus acciones.

En otras circunstancias, los dos representantes de la ley habrían quedado cesantes en el acto, deberían reparar el daño cometido y volver a las aulas porque tienen al menos una asignatura pendiente.

Por el momento nada de ello ocurrió y ahora, otros bravucones, esta vez, presumiblemente personas ligadas a la Policía amenazan a un periodista del valle porque éste se dedicó a mostrar hechos descalificables de miembros de esa entidad.

Se está entendiendo mal el principio de autoridad y se está abusando de este privilegio reservado para personas intachables.

A la jueza y el fiscal en cuestión parecen protegerlos un poder superior, alguien que les cuida las espaldas y les hace u obliga cometer torpezas. Y a esos malos policías el uniforme, como si el meter miedo formara parte de su formación, que debería buscar ante todo la protección de las personas, porque en caso contrario para qué está esta institución que vive de los impuestos, las multas y otros ingresos.

Se están invirtiendo los valores de personas e instituciones y se debe revertir ese estado de cosas con una mejor formación y severos castigos para los infractores.

Fuente: emebol

En un mundo de abusivos Hace mas de un año

El individuo en cuestión, candidato al Grupo de Apoyo Civil a la Policía, placa y gorra en mano, redujo con gas pimienta y violencia posterior a un ciudadano de la tercera edad. El hecho captado por un celular terminó irritando a la población cruceña tras ver el abuso

Bien por el ministro Moldiz, quien ordenó su inmmediata detención y proceso no solo por el acto abusivo, sino porque el sujerto en cuestión utilizaba mal las insignias policiales y empobrecía aún más la empobrecida imagen de la Policía.

No es éste el único acto abusivo, porque a un periodista de un matutino paceño lo enviaron a la cárcel en un santiamén, cuando los jueces tardan meses y años en casos más graves. Presumiblemente el joven redactor hurgaba temas que no se deben tocar. Otro caso, un juez zarandeó e hizo pasar un calvario a varias personas, tras ser suspendido del cargo mantiene una actitud violenta y desafiante ante las víctimas.

Son frecuentes las agresiones de los varones hacia sus parejas, que una veces callan en silencio, otras optan por la separación y no pocas dejan este mundo por la actitud salvaje de quien un día juró protegerla. También son frecuentes las agresiones de niños hacia otros más débiles que callan y se vuelven silenciosos, porque el padre lanzó en casa el falso concepto que el varón no llorra ni se queja.

El ser abusivo no es un producto de las heridas emocionales de un hombre en su infancia o de las deficiencias en sus habilidades. El abusivo sale de los entrenamientos tempranos de la cultura, sus modelos claves en edad temprana, y sus influencias de compañeros.

Es un problema más de valores que de psicología, puede provenir de un hombre de estudios, como del que no accedió a estudios secundarios o terciarios

Los psicólogos afirman que  los abusivos vienen de hogares violentos, en los que han visto maltratar, y en los que les han maltratado, por lo tanto tienen un perfil determinado de inmadurez, dependencia afectiva, inseguridad.

Pero el análisis supera este ámbito porque en la sociedad cada vez más violenta hasta los abusados ingresan en esta espiral porque no quieren ser más abusados, van a gimnasios, portan objetos contundentes, claman venganza y asumen actitudes violentas.

"Mi niño va a una escuela de artes marciales porque tiene que saber defenderse", afirma el padre de familia que asume como un hecho que vivimos en un mundo violento.

Cada vez escasean más los que transmiten un lenguaje de paz, el hacer prevalecer el diálogo y la capacidad de saber olvidar las ofensas; hasta los curas han optado por incursionar en las actividades comerciales y materiales dejando atrás la identidad de la tarea que los ha consagrado.
Queda claro que al menos las instituciones policiales y judiciales deberían acudir a profesionales, para que éstos realicen exámenes serios a los postulantes para detectar claramente los valores que imperan en la formación de las personas. A través de este tamiz se eliminarán a muchos candidatos que acuden a estas instituciones para enriquecerse rápidamente, abusar a quienes caen bajo su dominio, y empobrecer cada vez más a la institución que les cobija y les da de comer.

Un segundo paso consistirá en cambiar la currícula de estas entidades que permita formar personas honestas, con capacidad de servicio y que entiendan, que el cargo es una posición eventual.

El discurso vale también para otras entidades estatales y privadas donde se encaraman varios abusivos que se aprovechan del cargo, porque a veces sin darnos cuenta, cada dçia cometemos actos abusivos con los que dependen de nosotros.

Ernesto Murillo Estrada

La calle ya no es de todos Hace mas de un año

Gran parte de nuestra vida la pasamos en la calle. Es la vía para llegar a la escuela, la fuente de trabajo, el mercado o simplemente para quitarnos el estrés que llevamos encima.

Los médicos sugieren caminar, quitarnos mucho de la vida sedentaria que llevamos a cuestas y entonces decidimos dar una vuelta al manzano, dirigirnos a alguna plaza o simplemente deambular por las arterias ciudadanas, cuando las circunstancias lo permiten.

El termino calle es tan amplio que en el ambiente de sociología tiene tantas connotaciones en proporción a la frase utilizada. "Quedó en la calle" dicen de la persona tras haber vivido un periodo de depresión, otros que lo hacen después de una crisis familiar o por una desinstitucionalización, todos éstos necesitan albergues. "No vayas por la calle", le reprende la madre al niño que se baja de la calzada y pone en riesgo su integridad física por el paso de los coches cada vez más numerosos. Estos conceptos y otros quedan obsoletos por las nuevas constumbres.

Hoy las aceras están cada vez más ocupadas por los comerciantes, de manera que el hombre de hoy tiene que acostumbrarse a caminar al lado de los coches, limpiando la suciedad de éstos con el brazo; basta ir por la avenida Buenos Aires o por los sectores aledaños a la Cancha en Cochabamba, para constatar que no se exagera con esta constatación.

La calle es propiedad de los comerciantes de barrios populares que colocan tarimas y cajas de cerveza e impiden el paso de quien tiene una necesidad de atravesar esa vía. Es también propiedad de los danzarines que se abren paso el día de cualquier festividad elegida como honra a determinado santo y que no es más que una excusa para libar.

La calle es también propiedad de los comerciantes de la Pedro de la Gasca y adyacentes que dejan semivacía su tienda y sacan sus productos a la acera, cuando no a parte de la calle. Ni que se diga de los comerciantes de la Eloy Salmón que colocan cajones voluminosos en lugar de conos, porque la calle les pertenece. Alguien les vendió y nadie puede reclamar. "Camine pues, le estoy agarranado", contestan con menosprecio y falta de educación evidente los propietarios de la calle a quien se queja.

La calle también es de los comerciantes de Alasita que antes extendían su feria una semana, luego dos, y ahora más de un mes, mientras el Alcalde permanece mas callado que loro recién comprado. Los vendedores de plantas en la avenida del Ejército no solo ocuparon toda la acera sino un par de metros de la calle.

Aquella expresión: "La calle es de todos" no tiene sentido en muchas ciudades de nuestro país, simplemente porque algunos abusivos se han adueñado y hasta quieren que sus puestos de venta sea eternos, en tanto a la autoridad que diga lo contrario lo revolcarán con su voto en contra.

En las escuelas se debería enseñar hoy como caminar en medio de los coches, cómo evitar ser golpeados por los vehículos, porque las aceras tienen propietarios, que reciben el visto bueno de autyoridades miopes, inútiles y que buscan el voto más que el bienestar social.

Ernesto Murillo Estrada

 

 

El poder envilece Hace mas de un año

El caso del defenestrado juez Humberto Quispe Poma, porque las supuestas víctimas decidieron salir del silencio y contar las villanías del susodicho, es una de las claras muestras de que la mayoría de las personas no estamos preparados para asumir un cargo de servicio.

Mientras los juristas se devanan los sesos para modificar la actual estructura judicial, salen a luz hechos miserables, que cometen no hombres miserables, sino autoridades, quienes deberían ser ejemplo social, y predicar con hechos más que con palabras.

El poderoso mira por encima del hombro y camina recto, como si un hilo divino le tuviera colgado desde el cielo. No dialoga, ordena; solo escucha sus reflexiones y parece disfrutar al ver la humillación de sus interlocutores.

Si son ciertas cada una de las supuestas villanías del exfiscal, no le debería alcanzar la pena máxima  para compensar los daños cometidos desde el cargo que usufructuó para beneficio personal y debería devolver hasta el último centavo  de lo que se apropió, comenzando por el sueldo que inmerecidamente se la habría pagado.

Los envilecidos por el poder saben, en el fondo, que obran mal, pero sienten que hay pocas cosas mejores como la sensación de poder sobre los que carecen de él, sumado al placer de ver como  los otros responden dócilmente a sus peticiones.

Pero no solo es el ejercicio del poder el que lo envilece, sino que obra porque alguien o la estructura lo protege, porque se sabe omnipotente porque detrás suyo está el padrino, el suegro, el familiar o simplemente el matón.

Ese es el primer capítulo del que deben partir los reformadores de justicia: el hombre, el ser humano mal formado que se envilece con el cargo, que utiliza la posición para sacar provecho. Ese tipo de hombre no sirve para ningún cargo, porque tiene la escala de valores desordenada, porque el dinero, el poder y el placer (los dioses de la sociedad moderna) lo tienen aprisionado.

Pueden hacer las mejores reformas a la estructura judicial, pero mientras no encuentren hombres probos, cualquier experiencia se irá por las alcantarillas, porque los débiles, los inseguros, los de baja autoestima o los recién iniciados en el ejercicio del poder, creen que son superiores, y partiendo de esta base, tratarán al resto con desprecio.

Casos como éste deben haber y en distintas estructuras. No se trata de la materia del delito, sino de quien lo comete, porque no es lo mismo que un niño robe un dulce y que el mismo delito los cometa un jefe de Estado; como no es lo mismo que un delincuente se apropie de lo que no es suyo y un juez, fiscal o autoridad proceda de esta manera. Eso se debe acabar ya.

Ernesto Murillo Estrada

En los zapatos del otro Hace mas de un año

Desde el escritorio se puede transmitir cientos de teorías, muchas de las cuales no tienen asidero en la realidad, porque no se ha hecho un trabajo de campo o porque no se ha pasado por el sendero que la mayoría utiliza.

He visto a muchos de mis jefes ordenar desde sus escritorios, reprenderme desde su sillón, dar soluciones inviables y pocas veces los vi "dar en el clavo", porque estaban ajenos al mundo del trabajador. Tal vez por ello, cuando recibí la misión de jefe, decidí colocar mi escritorio en medio de mis compañeros de faena y tratar de predicar con el ejemplo antes que con la teoría; además me exponía diariamente al juicio de ellos, porque veían mi trabajo segundo a segundo, hora a hora.

Escuché al Ministro de Educación dar órdenes de sortear las plazas a los padres de familia, evitar las filas, limitar a 35 alumnos el máximo en aula y creer haber encontrado la solución a un problema cada vez más complicado.

Es más, su colaborador, el Viceministro del área se dedicó desde otro escritorio, a través de un medio radial soluciones como boticario con las medidas exactas para cada enfermedad; creía tener las medidas exactas y la solución en la punta de la boca; de manera que, a mi modesto criterio, dijo un montón de bobadas.

Me habría gustado que el ministro Aguilar hubiese trasnochado un par de jornadas, pidiendo permiso de su fuente de trabajo, tragándose frío y llovizna frente a un establecimiento escolar para inscribir a su hijo. También me habría gustado que el Viceministro, luego de entrar en la lotería de las inscripciones,  hubiera sacado la papeleta blanca de manera que con el rostro agriado habría vuelto a casa para decir a su esposa: "tuve mala suerte, no me salió la papeleta con sí, de manera que mañana voy a ir a otra escuela".

En lenguaje más sencillo, cada padre de familia vive un calvario cada principio de año inscribiendo a su hijo, pagando las cuotas extra, ahorrando para el material escolar y la ropa y mucho más. La única forma de entender al padre y madre responsable es poniéndose en los zapatos del otro

Ponerse en los zapatoz del otro quiere decir ser empático, significa ser consciente y considerado con los sentimientos de los demás.

El que no lee los problemas del otro padece de una sordera emocional, ve el mundo desde su escritorio con lentes cada vez más nublados, con una mente cada vez más estrecha y con un ego demasiado grande, lo suficiente para alejarse cada vez más de la sociedad.

Mientras algunos se recogían de una flor de borrachera en inmediaciones del estadio, tras una jornada de festejo por el feriado del 22 de enero, vi muy cerca de aquel lugar dos filas de padres de familia angustiados, esperando que la suerte les sonriera para sacar en la lotería de las inscripciones, la papeleta con el sí; el ver este contraste me partió el alma.

Ernesto Murillo Estrada

 

Una ley cercana a la mosaica Hace mas de un año

El deporte es esencialmente una actividad lúdica, libre, complementaria en la tarea de formación integral de las personas y, por lo tanto, sus actores necesitan el estímulo permanente; esa es la primera medalla que quiere tener todo deportista.

Éste es una especie de abc del que tienen que partir proyectos, programs y leyes deportivas y parece que el Ministro del área no ha entendido a ello.

Ha elaborado una ley o ha mandado a elaborar un anteproyecto, que además adolece de un diagnóstico básico, que debe ser esencial a la hora de considerar cualquier proyecto, porque cada sociedad, país y cultura tiene una forma de responder a las actividades del tiempo libre. Hoy por ejemplo, a nuestros jóvenes les gusta más bailar e ir al internet, por ende, se debe partir de esta premisa.

Al presentar el anteproyecto, el Ministro del área expresó que "Esta nueva Ley nos va ayudar a establecer un nuevo marco regulatorio. Al igual que Oscar son muchos deportistas en varias disciplinas deportivas que se ven perjudicados por ese hecho de no responder a las determinaciones, en este caso, del presidente de la Federación Boliviana de Ciclismo”,  dijo y se refería al caso del deportista Óscar Soliz que no pudo viajar a una competencia por divergencias con un dirigente del ciclismo que está anclado 30 años en ese deporte.

Lo que dijo el Ministro está bien, pero se queda en el árbol y no ve un bosque profundo que debe divisar desde su butaca.

Ha creído que haciendo un dictado de leyes con carácter mosaico se tenía el instrumento ideal (las 613 leyes mosaicas regulaban cada aspecto de la vida y sociedad hebreas y de ellas 10 son  fundamentales y las conocemos como los Mandamientos; la mayoría de ellas dice, no, no, no).

El deporte es decir sí, cómo el Estado apoya, cómo incentiva, cómo estimula, cómo puede asistir a las federaciones y no colocar restriccciones de viaje, informes económicos y hasta prohibir que los dirigentes reciban una compensación por el tiempo invertido. Bien podría el Ministro dar el ejemplo y trabajar ad honórem.

Perdió valiosos elementos de análisis luego de asistir a los Juegos Bolivarianos, observar el rendimiento de los deportistas en Trujillo y explicar el por qué de los malos resultados, las carencias, privaciones y comparaciones con los vecinos, pero no hizo tal cosa, se quedó mudo y escondió la cabeza. Lo propio pasó con la intervención de la selección femenina de fútbol que tras las goleadas evidenció que no es suficiente concentrar a las jóvenes un mes e ir al torneo para recibir goleada; tampoco hubo análisis ni reflexión de lo acontecido; solo el silencio y el tiempo escondieron los errores.

Es lógico que los dirigentes critiquen esta ley, que renieguen por el listado de prohibiciones y pidan que redacten otro documento bien consensuado y con espíritu de apoyo a los deportistas. Parece que el Ministro no entendió la naturaleza del deporte.

Sin apoyo no se puede ir adelante, sin el concurso del Estado, no se va muy lejos; basta hacer una lectura del Dakar 2015. Es importante construir campos deportivos, pero antes está el deportista, el dirigente, el técnico, los formadores; es a ellos a los que debe favorecer una ley.

Qué lástima que el Ministro haya perdido tiempo y dinero.

Ernesto Murillo Estrada

El sordo que no quiere oír Hace mas de un año

Llevado por el "autismo" hecho de ignorancia deliberada y satisfecha, del que padece nuestra sociedad actual, el canciller chileno  Heraldo Muñoz dijo que su país "no va a ceder soberanía territorial o marítima de ninguna manera, y eso tiene que quedar claro y Bolivia pierde el tiempo cuando intenta, por esta vía de la Corte Internacional de Justicia, promover un caso donde se pretende obligar a Chile a negociar una salida soberana en favor de Bolivia. Eso no va a ocurrir".

En el ajedrez internacional Chile iba perdiendo posiciones, jugó a la defensiva, porque el pedido boliviano lógico y coherente gana posiciones, y un siglo y más de silencio no tapa la injusticia, de manera que ante el pedido internacional, Muñoz decidió patear el tablero.

Abrumado por las evidencias actúa como el hombre de hoy, desprivatizado de la lógica y la historia. Él, junto a otros representantes de la política chilena, es víctima de los estragos que ha hecho en la población "culta" una escuela enciclopedista superficial, que no enseñó a pensar y en la que el deseo de saber fué aniquilado por el aburrimiento y por la sensualidad de un proyecto de vida "socially correct" que consiste en divertirse, ganar plata y gozar.

No importa la tendencia, si es de izquierda o derecha, si el gobierno es democrático o no; la respuesta de Muñoz es la respuesta del hombre de estos días a quien no le dice nada el idealismo, amor a la verdad, autodisciplina, sensibilidad artística, alegría de saber y otras formas tradicionales de ser, que quedaron sepultadas por la imbecilidad de una pedagogía destinada a deformar y no a formar personalidades.

Me llamó la atención la declaración de una ministra que santificaba a un colega de gobierno por el solo hecho de "que era de izquierda", como si éstos tuvieran dones preternaturales y los de derecha fueran contumaces pecadores. Eso de derechista o izquierdista, demócrata o antidemócrata, está bien para el discurso de los políticos y los crédulos, detrás está el mismo hombre ambicioso, sin valores de la sociedad de hoy.

A esta generación pertenece Muñoz, no importa si es socialista o neoliberal, si dice ser demócrata o populista, es el chileno de siempre que cerró los oídos al clamor de un país y una sociedad internacional que le pide a Chile dialogar y no hacer sofismas.

Chile tomó lo que no es suyo en 1879, privó de un sector rico a Bolivia y corresponde compensar en el tiempo este error, aunque nunca será suficiente, pero al menos debe reparar el error.

Bolivia pide parte de los que le correspondía, pide un trato justo de la comunidad internacional a través de la Corte de La Haya, exige diálogo y no dádivas, porque la verdad llega y penetra, aunque el otro se tape los oídos.

Ernesto Murillo Estrada

Ya nadie se disculpa Hace mas de un año

El hombre es por naturaleza falible, pero se cree infalible, más aùn cuando asume una función de poder; entonces es todopoderoso, cree tener el don de la inerrancia como la Biblia y, finalmente lo explica todo porque los equivocados son los otros.

El Ministro de Salud cometió un grosero error, que le ha valido críticas de propios y extraños, pero tras haber expuesto en forma pública la enfermedad de un ser humano, no dijo esta boca es mía. El Gobernador de Chuquisaca utilizó su despacho para compartrir cervezas con dos comediantes y lejos de disculparse amenazó con encontrar "al Judas que lo traicionó" y mostró el video. Los fiscales que siguieron el caso del bebé Alexander erraron hasta decir basta y callan...

El propio Presidente intentó explicar la actitud de su  correligionario, pero no favorecieron mucho sus explicaciones, siguiendo la frase popular: "el que la explica la complica".

¿Y por qué le cuesta tanto al ser humano disculparse?

Justamente por lo anotado al principio, además ha perdido el miedo a Dios, perdió el sentido de culpa y le da lo mismo hacer bien que mal. Claro está que hay muchos otros que conservan los valores y son valientes a la hora de afrontar el error.

Aparentemente, esto se debe a que pedir perdón requiere de reconocer el error propio para después exhibirlo ante el sujeto afectado, quien tiene el poder de aceptar o rechazar las disculpas. Es un momento de exposición total al arbitrio de otra persona, un lapso de tiempo donde se busca deshacerse de la culpabilidad o el remordimiento a toda costa.

Parece que hasta los psicólogos le dan una mano al hombre moderno al señalar que pedir perdón es dar un paso hacia atrás con respecto a nuestro propio narcisismo, otorgar más atenciones a una relación común que a nosotros mismos.

Dicen que confesar que otra persona nos importa más que nosotros mismos nos pone en una situación psíquica delicada. Es difícil abandonar nuestro propio narcisismo, abandonar la posición de víctima y reconocer nuestra parte de culpa.

Entonces es mejor empecatarse en el error y si es autoridad con mayor razón, porque disculparse sería un signo de debilidad. Algo así como decir los varones no lloran, cuyo correlato sería: las autoridades no se equivocan, tal cual reza un cartel en varias oficinas: el jefe no se equivoca.

En este mundo de infalibles, cuesta cada vez más pedir disculpas. El taxista que se pasa en luz roja no reconoce su error e insulta al que le reclama; el bribón que se lleva lo que no es suyo, no se avergüenza y dice que estaba distraído, el alumno no se aplaza sino le aplaza el maestro que le tiene bronca; el marido que se trasnocha dice que los amigos no le dejaron salir y se podría seguir con cientos de ejemplos.

Algo anda mal en este nuestro mundo de infalibles.

Ernesto Murillo Estrada

 

Menos católicos ¿y? Hace mas de un año

Siempre me ha disgustado la expresión: la mayoría gana. Es que la mayoría puede imponer su capricho, su deseo personal, pero ello no es sinónimo de veracidad o justicia, porque no es el número el que determina la validez de los hechos. Es cierto que al mismo tiempo debo decir que siempre he respetado el deseo de la mayoría.

Muy preocupado mi amigo de colegio católico, que siempre me aventajó en religión, porque se sabía el catecismo Astete al derecho y al revés, me dijo que "como católico, apostólico y romano" (la misma expresón que escuché en labios de dos diputados), le preocupaba el número decreciente de católicos. Le respondí que me sentía siempre menos que él, porque "yo solo era un simple católico" y él me ganaba con los rimbombantes títulos "apostólico y romano"

Se refería aquella afirmación que señalaba que "si en 1970, nueve de cada 10 latinoamericanos se declaraba católico, hoy ese número se ha desplomado al 69%. Aproximadamente uno de cada cuatro nicaragüenses, uno de cada cinco brasileños y uno de cada siete venezolanos ya no son católicos".

"Somos menos y ¿qué?, en que cambia eso la sociedad" le respondí para recordarle el documento de los obispo en Puébla (1977), un magnífico estudio sociológico que señalaba más o menos esto: América Latina es el continente de los jóvenes y pobres, de la mayoría católica y también el continente de mayor injusticia. ¡Qué paradoja!. Por tanto no era cuestión de cantidad sino de calidad de católicos. No era cantidad de horas de misa, bautizos, rosarios y genuflexiones, sino de obras por el otro. No solo fe, sino fe más obras.

Sí preocupa que en todo Oruro no haya más que 23 sacerdotes diocesanos; también preocupa que la iglesia no tenga medios para atender obras sociales abandonados por el Estado y tenga que recurrir a la limosna en las calles para pagar el segundo aguinaldo.

Sí preocupa que esta entidad especializada en la atención de los mas abandonados tenga cada vez menos agentes que trabajan por el otro sin esperar recompensa, porque acompañan este estilo de vida con la pobreza, castidad y obediencia, porque si estuvieran casados y dependieran de la acumulación de riqueza, pronto abandonarían esas obras de caridad.

No he conocido a sacerdotes que hayan luccrado, salvo malas excepciones, porque los que siguen esta opción dejan lo que tienen, incluidos venerables laicos por los que me saco el sombrero.

Si conozco hoy decenas de religiones que lucran con el diezmo, que amplían sus bienes, pero tienen escasas obras sociales; que apuntan a dar todo lo que tienen en favor del más necesitado. Los respeto y quizás en el futuro sean la mayoría, ¿y qué?.

Creo que no es cuestión de cantidad, sino de calidad; en lenguaje vulgar: No es importante que sean muchos, lo importante es que sean machos; y esa parece ser una constante en estos días, en los que flaquean las vocaciones y crece la actitud egoísta del hombre de hoy que ha renunciado a los valores fundamentales. En este mundo al revés, siempre habrá seres consagrados, que pese a los golpes de los católicos apostólicos y romanos, seguirán en la tarea de pensar primero en el otro y después en ellos mismos.

Ernesto Murillo Estrada

 

Sociedad más violenta Hace mas de un año

Los niños de hoy son más altos que los de hace dos, tres y más decadas, también son más regordetes, más perspicaces a la hora de resolver los problemas, hiperquenéticos, centrados en los artefactos digitales y, por supuesto, más violentos.

Los que somos padres hoy, algunos abuelos, no conocíamos eso que hoy llaman bullyng y a lo mucho "le echábamos al hielo" al indeseable del curso, pero el arrepentimiento llegaba pronto. Íbamos a pie al colegio, casi sin riesgos, no se escuchaba tanta bocina, no había manifestaciones ni marchas y parecía que las agujas del reloj iban más lentas.

Vivimos en la sociedad vertiginosa y estresada que nos altera los nervios y nos torna violentos, porque hasta la televisión, que debía ser un medio para la distensión, nos trae mensajes de violencia, incluidos los dibujos animados.

Evidentemente, los que sufren más en una sociedad violenta de esta naturaleza son los niños y las mujeres, porque están supeditados a las órdenes o dependencia económica del varón.

En lo que va del año 155 mujeres han muerto a manos de su pareja, del ser violento que descargó su animalidad sobre el ser que se supone, es al que debe proteger en el resto de sus días.

Si bien es cierto que la escuela enseña y el hogar educa; qué tiempo tienen hoy los progenitores de estar con la familia si se pasan el día buscando ambos el sustento familiar; qué tiempo tiene el educador para hablar de tranquilidad y respeto, si también es un ser más de la sociedad violenta y tiene sus propios problemas.

Bajo el rótulo de defensa personal, los niños y jóvenes acuden a una escuela de artes marciales, es que existe una demanda considerable de seguridad. Todos queremos sentirnos seguros y recurrimos a cualquier cosa que nos lo garantice.

El axioma filosófico: eliminando las causas se eliminan los efectos es más certero que nunca y habrá que empezar por ahí. Frente al denominado bullyng parece que  la sociedad ni las instituciones tienen una clara respuesta.

 

Hoy en día, son cada vez más los chicos que, al carecer de recursos emocionales adecuados y de habilidades sociales para la resolución de conflictos, se encuentran en una situación de riesgo para la inadaptación, la violencia, el fracaso escolar, la delincuencia y hasta el abuso de sustancias.

Probablemente es hora de decidir dar en las aulas menos matemática, lenguaje, aymara o inglés y más religion y valores, aunque a alguien le parecerá dar una marcha atrás en la educación.

La corrupción, el vandalismo frecuente en las calles, la inseguridad,  la crisis económica, la falta de soluciones a las demandas básicas, irritan cada vez más y el ciudadano se torna violento, por lo que necesita más lugares y centros de expansión. Acá tienen que jugar un papel importante las políticas deportivas, aunque sea mucho pedir al ministro de este rubro.

Los medios de comunicación parecen perder gradualmente el caracter educativo y se van transformando en espacios para magnificar la violencia, inflando los hechos como ocurrió en forma vedrgonzosa con el caso del bebé Alexander. Hay demasiada música chicha y poca música serena. Se da mucho volumen a las formas y escaso volumen al comentario sereno.

Estamos manejando el coche de nuestra sociedad a 150 kilómetros por hora y había que dejar de acelerar tanto para ir más tranquilos, escuchando un poco más a Dios, a los abuelos y padres, preparando educadores cada vez más serenos, choferes menos irascibles, presentadores de TV más educadores y menos sensacionalistas, una nueva policía, ciudadanos más serenos...

Ernesto Murillo Estrada

 

 

 

 

 

 

Gana el que grita más fuerte Hace mas de un año

La muerte y supuesta violación del bebé Alexander y el caudal de información incompleta y luego dudosa, me obliga a sacar a luz una espina que la tengo clavada en el alma y me acompaña hace cuatros años. Este episodio me ha hecho dudar del trabajo que realizo en la prensa. Ésta la pequeña y vulgar historia.

Un día de semana, mientras me dirigía a mi oficina en uno de aquellos vetustos buses de la línea 2 acertó en subirse por la calle Ecuador, de la zona de Sopocachi, un señor de aspecto tranquilo, de más o menos 60 años que buscó uno de los primeros asientos (justo en diagonal mío).

Dos cuadras más allá, en la calle Fernando Guachalla, se subió al mencionado bus una señora y su perro a quien lo tenía sujeto con una correa. En el paso en busca del asiento, el perro rozó el traje del señor, quien reclamó un poco de cuidado a la dueña del perro, de manera que se entabló el siguiente diálogo, que luego se torno en discusión:

- Señora, por favor, el colectivo no es para animales.

- Cállese viejo de porquería, cuál es su problema, apenas lo ha rozado.

- Solo le pido que tenga Usted un poco de cuidado y le repito que el colectivo no es para animales.

- El animal es Usted, viejo de porquería, quién se cree para venir a dar clases de educación, cállese y no se meta conmigo.

- La maleducada es Usted y déjese de insultar, se ve que no tiene nada de educación.

- A quién amenaza usted, viejo bruto, ahorita le voy a enseñar lo que es educación, no se meta conmigo...

Mientras el tono de discusión seguía, la señora en cuestión, tomó la correa del perro e impactó en la cabeza del hombre que quedó atónito en principìo y luego se incorporó.

Acto seguido la ofensora que pasó al papel de ofendida empezó a gritar desaforadamente, de manera que los que no vieron toda la historia tomaron partido por ella y empezaron a insultar al varón, porque no respetaba a la dama.

La actitud de los terceros encendió a un más la hoguera de la discusión y el hombre que ya había recibido dos correazos en la cabeza intentó al menos dar un buen sopapo a la agresora, mientras otros tratábamos de apaciguar a los contendientes.

Fue en ese momento cuando un tercero aplicó un golpe en el vientre del supuesto ofensor al tiempo que otro llamó a dos policías que estaba cerca a El Prado y se llevaron al hombre cuyos reclamos se perdieron entre la bronca de los curiosos

Me bajé con el ofendido y golpeado para explicar a los policías el error, pero los presentes ya habían tomado partido por la dama y el perro. Para colmo de males, la señora echó unos cuantos lagrimones, mientras acusaba a su eventual contrincante de haberla ofendido e intentar ultrajarla...

Evidentemente la señora (demasiadso calificatrivo para poca persona), salió triunfante porque gritó más fuerte y el resto tomó partido por el más débil.

Me parece que esta historia del bebé Alexander tiene algo de parecido con esta pequeña historia, con otros actores, prensa de por medio, información a medias y gente que toma partido. Ojalá que se investigue bien el caso y que se repare el daño causado, aunque la herida causada a jóvenes profesionales tardará mucho en sanar.

No sé si los comunicadores estamos haciendo bien nuestra tarea o estamos ayudando a quienes tienen un perro y correa de por medio y gritan más fuerte, si fuera así, qué pobre es nuestra contribución a una sociedad más justa.

Ernesto Murillo Estrada

Violencia a flor de piel Hace mas de un año

Pertenecemos a la cultura de la transgresión, de la falta de respeto al otro, de la indiferencia ante el débil, de la inclinación a violar la ley y burlarse de la ética.

"No nos venga a hablar de moralina", me espetó un joven universitario hace poco cuando le hablaba del respeto a la mujer; un futbolista reventó a patadas a su técnico y hasta hubo gente que lo defendió; otro grupo de muchachos salidos de una jauría humana molió a patadas a un joven que llevaba la casaca atigrada en nombre de la hombría.

Entonces que se puede esperar de mujeres solitarias que dejan a sus padres y progenitores y viven al lado de un verdugo, quien lejos de respetar a la mujer que dice que un día amó, le rompe el alma con lo que tiene a mano, por el simple hecho de entregarle unas monedas para la comida diaria, reclamándole el silencio y haciéndole jurar que no denunciará sus agresiones.

Vivimos en una sociedad con la TV basura a cuestas, sin contenido y pura formas (basta ver a Tinelli mostrando nalgas y hablando estupideces), viajamos en los vehículos donde los jóvenes ignoran a los viejos que se suben a un bus, porque están ocupados en chatear y no ven a nadie a su alrededor; manejamos con el Jesús en la boca porque los taxistas nos pasan por izquierda y derecha; es más, nos insulta el que quiere que apuremos la marcha. Vemos a la gente hacer sus necesidades donde quiere y puede; observamos al muchacho pintando la pared del vecino que con tanto esmero un día arregló...

Notamos en la sociedad una tendencia exacerbada a resolver los problemas mediante el uso de la violencia o canalizar a través de ella otras tensiones. Basta ir a una jornada de fútbol para escuchar estribillos desafiantes de muchachos que elevan la voz con unos cuantos tragos.

Instituciones que deberían ser los epónimos de de la sociedad empiezan a tambalear; la Policía despierta miedo más que instinto protector, y hasta varios de sus miembros ingresaron al terreno del delito. Los medios de prensa abandonaron varios principios esclavizados por el "raiting", sus locutores hablan vulgaridades y abandonaron la tarea de la formación en nombre de la comunicación horizontal y popular; otros prefieren colocar música "chicha" con canciones sin contenido más un conductor que maneja a patadas el idioma.

La Iglesia parece abandonar su apostolado en un afán por laicizarse, abandonando principios que siempre serán respetados. Los gobernantes están estucados en discursos grandilocuentes y soberbios, olvidando que algún momento van a volver a las bases. Todos éstos tienen el complejo de Adán porque siempre son los primeros en todo y dicen hacer lo que sus imbéciles antecesores no hicieron.

Duele escuchar a mujeres quejándose porque el macho los abandonó con los hijos. Dónde están esos animales que solo sirvan para aparearse y no adquieren la responsabilidad paterna. Duele escuchar el llanto de los familiares por la pérdida del ser querido a manos del que era su pareja o esposo, ¿por qué no frenaron al delincuente en la primera agresión?.

Sacar la violencia que está a flor de piel empieza en la casa, en el lenguaje, en la manera cómo el varón se dirige a la mujer; sigue en la escuela, en la palabra sabia del maestro que enseña con paciencia el respeto y la prevalencia de la razón en las situaciones límites. El otro papel jugamos todos los habitantes de la calle, la sociedad que respeta a los niños, ancianos y mujeres, los que postergamos nuestro viaje porque nos antecede un niño que intenta subir al bus, los que pasamos indiferentes al lado de una niña o mujer que llora porque es estropeada por el bruto  que tiene al lado.

La violencia no se elimina con leyes ni con teléfonos de urgencia, se elimina con los pequeños actos del día a día, pero sobre todo con la fortaleza que da el temer a Dios en una sociedad nihilista y admitiendo que tenemos culpa de muchas cosas malas que pasan a nuestro alrededor.

Particularmente prometo cambiar de actitud a partir de hoy, porque no quiero que mis hijos sufran por culpa de la sociedad que les estoy legando.

Ernesto Murillo Estrada

El reinado del cinismo Hace mas de un año

Pocas palabras de nuestro lenguaje han sufrido un cambio tan radical como el término cínico. De aquella escuela griega que exhortaba un pensamiento individual y una vida sencilla, aurtosuficiente y alejada de los placeres materiales se pasó a la falta de prudencia, la obscenidad impúdica y la falta de vergüenza que tienen algunas personas a la hora de tener que mentir o defender acciones que a simple vista son descalificables.

Y parece que el término no va a quedar anclado ahí, porque cada día son más los cínicos, digo mejor, cada día somos más los cínicos, de manera que de un antivalor parece convertirse en valor, así, el que no es un cínico es un gil, el que no miente es un tonto, el que se avergüenza es un principiante, porque hay una competencia clara en la carrera por la corona de la sinvergüenzura. Es posible que dentro de poco se defina al cínico como el hombre exitoso que llega a la meta gracias a su habilidad para mentir, pasar por alto los códigos morales y eliminar la vergüenza.

En estos últimos meses nos han invadido declaraciones de políticos, dirigentes deportivos, autoridades y más que nos obligan a revisar los conceptos del cinismo

Son comunes las expresiones: "tengo la conciencia tranquila", que me parece que es la expresión que caracteriza al cínico del siglo XXI. Como la conciencia no la podemos ver, está claro que casi todos los que apelan a esta expresión tienen la conciencia más negra que la noche y hablan de blancura.

En el siglo XIX Charles Darwin afirmaba que la vergüenza se manifestaba mediante rubor facial, confusión mental, vista caída, una postura descolocada y cabeza baja, y observó síntomas similares en individuos de diferentes razas y culturas. Estaba totalmente equivocado, porque el hombre del siglo XXI miente y mira de frente, se sonroja solo el que ha recibido los antivalores cristianos; el que miente levanta la cabeza y mira de frente, casi desafiante. Hoy, pocos consideran el mal causado, pocos se disculpan y muchos sonríen y hasta parece que los periodistas aplaudimos a este nuevo hombre.

Mentir descaradamente, actuar sin ningún decoro, sin importarnos lo que piensen los demás, buscando el pragmatismo, parece ser la receta; mmuchos de esos individuos son presidentes de clubes, juntas de vecinos, colectividades y más.

Parece que el hombre de hoy ha perdido el miedo a Dios, el sentido de culpa y no encuentra la línea divisoria entre el valor y el antivalor.

Ernesto Murillo Estrada

La lección equivocada Hace mas de un año

En el fútbol boliviano se acaba de escribir una lección de falta de solidaridad, de la más pobre expresión del fin justifica los medios y del hundimiento de los valores.

El futbolista le dio una paliza al asistente técnico y lejos de recibir una reprimenda y suspensión en el acto, de parte de la cabeza del equipo (el técnico), éste le premio, lo envió al terreno y pasó por alto semejante falta.

El técnico que hasta hace poco daba lecciones de conducta, dictaba conferencias, impartía lecciones de alta cátedra y montaba en cólera por las incorrectas preguntas de los reporteros y cuestionamientos, cayó a las alcantarillas de la pedagogía.

No saber definir qué es lo que conviene en esas circunstancias es mostrar la peor faceta de quien está a la cabeza de un grupo. Solo faltaba que festejase la bribonada y premie al agresor, de manera que entregarle ahora el poder de decisión última del asunto resulta una insensatez, porque quedó demostrado que es un inepto para tomar este tipop de decisione sy si aún conserva parte del recto razonamiento deberia decir: me abstengo, decidan ustedes.

Aparte de haberse equivocado, el sujeto en cuestión mostró que es un desleal con su colaborador, le interesó más el fútbol que el amigo con el que planifica los partidos, los goles del futbolista que el principio de autoridad.

Tal vez por ello sea prudente aprender a colocar el justo límite a una serie de actividades porque con los años perdemos la ecuanimidad, el justo razonar y el equilibrio, de manera que solo nos queda el verso, el afán de acumular bienes materiales, aunque la parca esté a vuelta de la esquina, y abandonar los principios, si es que en algún momento lo hemos tenido.

Qué lástima.

Ernesto Murillo Estrada

No son idóneos Hace mas de un año

No todos somos capaces para todo; esa es la premisa mayor. Hay personas que son aptas y suficientes para muchas cosas. Conocí en la Universidad a un compañero de origen croata, hábil para fútbol, buen estudiante, magnífico pintor, con gran talento musical, pero poco capaz de hacer amigos. Seguramente, por contrapartida, debe haber en este mundo gente que no acierta en muchas actividades, pero debe acertar anuque sea en pocas.

La Iglesia habló de falta de idoneidad del Tribunal Supremo Electoral y anotó algunas debilidades, inmediatamente saltó uno de sus miembros con la grandilocuencia propia del maleducado que cree saber todo y evidencia su necedad, recordándole al clero que es ignorante en el tema tecnológico. No entendió lo que le dijeron.

El término idoneidad es muy amplio y se refiere a capacidad, suficiencia. Más que un prepecto estático es dinamico y requiere creatividad, entusiasmo y entrega personal, porque nos vamos haciendo idóneos en el tiempo, como el que aprende a manejar un coche y luego domina el volante.

Como no podemos ser idóneos en muchas actividades, la Iglesia, los partidos y el propio Presidente les dijeron a los miembros del Tribunal que no actúan con idoneidad, que no es otra cosa que suficiencia, habilidad, capacidad. Tal vez lo puedan ser en el futuro, pero en el presente no son idóneos.

Nos ha sucedido en muchas oportunidades, nos han dicho en muchas fuentes de trabajo que todavía no estamos preparados y no por ello nos han dicho que somos incapaces, ineptos y desgraciados, sino que en el momento no servimos para ese trabajo.

El presente ha encontrado a doña Vilma Velasco y el grupo de vocales mal preparados, todavía no idóneos para asumir semejante responsabilidad, nada más y podrían ceder el paso a otros más idóneos en el presente.

No les han dicho que son inmorales, corruptos, o sinvergüenzas; sino simplemente que no son idóneos para una misión muy delicada, aunque con muchas de sus decisiones han dejado dudas y las dudas se despejan para bien o para mal.

Tenía razón el filósofo venezolano Uslar Pietri cuando a tiempo de cumplir 50 años dijo: A estas alturas de la vida ya sé para lo que no sirvo, aunque todavía no sé para lo que sirvo.

Ernesto Murillo Estrada

 

 

Sobre llovido, mojado Hace mas de un año

Les dijeron que esperaran 15 minutos y tras una hora de plantón, la funcionaria les comunicó que el servicio del teleférico había quedado suspendido.

Llovía lo suficiente como para dejar la ropa empapada, el reloj marcaba las 21.30 y en ese momento acertó a pasar por el lugar un minibús, cuyo conductor, con mirada caritativa y voz suave les dijo: "está bien, los llevo hasta Ciudad Satélite, pero es cinco pesitos por cabeza". Los que estaban más desesperados aceptaron la propuesta del lobo vestido de oveja, otros consultaron sus bolsillos y se quedaron con bronca encima.

Sería largo enumerar las fallas del teleérico desde no contar con un ambiente donde podrían buscar resguardo los usuarios, pero giro mi raclamo a la actitud del chofer que esquilmó a los necesitados y como este ejemplo puedo citar mil.

Va otra píldora: el chofer de un radiotaxi accedió a llevarme de la plaza Isabel la Católica a la plaza Murillo y en el trayecto me habló de las injusticias del gobierno, de la pérdicda de valores de la sociedad, de su entrega en el trabajo y terminó su relato con una cadenciosa voz que me dijo: Son 15 pesitos. Como me lo dijo en diminutivo quise pagarle en billetes de Alasita, pero no tenía a mano, de manera que para no discutir con el hipócrita le entregúe los Bs 15.

¿Quién tiene la culpa de esto?: El Alcalde, si, don Luis Revilla, por arrastar una pésima formación en aritmética desde la escuela y aupar a los choferes a un alza en los pasajes con su famoso cálculo por áreas y su indolencia ante las críticas de los vecinos que desde entonces no encuentran más un taxi de Bs 3 ni radiotaxi a Bs 6; ahora todo se duplicó o triplicó y el indolente burgomaestre calla, no sé si sonríe.

Pasando por una calle de Quito y a propósito de la campaña del expresidente Bucaram, quien creí tener una linda voz, leí esta sugerencia pintada en una pared: Por favor Bucaram, haz lo que quieras, pero por favor no cantes.

Imitaría a ese ocurrente y escribiría en una pared imaginaria: Revilla haz lo que quieras, pero por favor no hagas aritmética. Es que con su cálculo "nos mató", con sus números "nos mandó a la lona" y si no se habrá dado cuenta todavía. Como penitencia podría castigarse como los monjes antiguos echándose flete en la espalda todos los días y repitiendo la tabla del 1 al 9 hasta aprenderla bien, porque no puede haber crimen sin castigo.

Si el burgomaestre es tan malo en los números o no toma taxis hace diez años, alguien tendrá que frenar a los abusivos taxistas y radiotaxistas, porque su abuso linda la delincuencia, especialmente cuando llueve o corresponde la hora de salida de escuelas y fuentes de trabajo.

Ernesto Murillo Estrada

 

 

La credibilidad Hace mas de un año

La palabra creer está tan cerca de la fe que a veces se identifican y adquiere matiz religioso, pero en el dia a día, el hombre necesita creer en alguien, en el periódico que lee, en las noticias que le cuentan, en los amigos que se acercan, presuntamente sin interés, en los gobernantes que cuentan realidades y fantasías y en los que están en cargos eventuales, de los que dependen los más.

La credibilidad es un valor que se va adquiriendo, poco a poco y día a día, pero se puede perder totalmente en un minuto, en una mala acción, en un mal ejemplo, cuanto aparece la primera mentira, falsedad u ocultación. Nos ha pasado en el hogar, la escuela y en los grupos que frecuentamos. Recuperar la credibilidad es muy difícil, requiere mucho tiempo y a veces no se alcanza este objetivo.

Se suele identificar la pérdida de credibilidad al desengaño a la pérdida de confianza en el otro, como el niño que espera pacientemente al padre que le prometió ir al cine y no llegó nunca o la persona que encuentra en una infidelidad a la pareja y no le alcanzas las palabras para convencer. Pocas veces se tiene una segunda oportunidad, porque al que perdió credibilidad nadie le toma en serio, de poco sirve lo que dicen o hacen, debido a la cantidad de cosas erróneas que han dicho o hecho.

Algunas personas no gozan de la credibilidad debido a que nunca han tenido que ganársela, ya que por su trabajo, profesión o cargo público, se han acostumbrado a que la autoridad que recibieron les permiten decir cosas y poco les importa que el interlocutor le crea o no.

Me gusta la expresión que señala: se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo.

Después de tantos años en este asunto del periodismo, me di cuenta, por ejemplo que las fuentes no acostumbran a aportar información a los periodistas por generosidad y altruismo. Actúan, más bien, llevadas por la ambición de prefabricar un relato de los hechos. Entregan información a quienes cuentan qué ocurre (los periodistas), sólo para influir más intensa y directamente en el relato de lo ocurrido. Este fenómeno es cada vez más apreciable, e incluso es un rasgo esencial, definitorio, de la moderna sociedad de la información. Por lo tanto, siguiendo a Descartes he aprendido a dudar de lo que me dicen y tratar de confirmar con alguien que sepa del tema. Pese a ello es probable que muchas veces incurrí en el error y por ello perdí credibilidad ante quienes antes me creían

Podría dar más vueltas sobre el tema de la credibilidad, pero dadas tantas evidencias, como por ejemplo decirme que no se puede sanear el padrón electoral y no se puede borrar a los muertos, porque se borraría a muchos vivos en el empeño, es que al final opino y les digo a mis amigos y a los que creen en lo que digo, porque seguramente no ofrezco credibilidad a muchos otros que: el Tribunal Supremo Electoral, perdió credibilidad.

Ernesto Murillo Estrada.

Proverbio al revés Hace mas de un año

El probervio chino "no le des pescado, enséñale a pescar", se ha ido cambiando gradualmente en Bolivia y otros países por el de "dales cada vez más pescado, no le enseñes a pescar". Esta es la base del asistencialismo que crea en las personas un espíritu de esperar todo del Papa Estado o de los permanentes beneficiarios.

Los alumnos del último curso pidieron, a través de sus padres que las computadoras "Quipus" pasen de por vida a posesión de los estudiantes; el Alcalde de La Paz regalará libros Baldor a los estudiantes de ciclo secundario, sumando así a las mochilas que les dieron, para competir con el bono Juancito Pinto.

Parece una loca carrera de quién regala más para tratar de satisfacer a los permanentemente insatisfechos, que pronto pasan del pedido a la obligatoriedad.

El economista italiano Stefano Zamagni, decía hace algunas semanas en Argentina que si las políticas sociales se basan en el asistencialismo como enfoque central, "se produce endógenamente más de lo que se quiere combatir". En otras palabras: más pobreza. "¿Y por qué los políticos, en todo el mundo, prefieren ese enfoque de mejorar las condiciones y no las capacidades de vida?", se preguntó. "Hasta los niños saben la respuesta -siguió-: si yo te ayudo así, mañana votarás por mí".

Lo que no se debe perder de vista es el espíritu solidario, la ayuda, el carácter benevolente y la asistencia en los momentos álgidos, pero caer en el asistencialismo, en regalar permanentemente todo es contraproducente.

Me sigo preguntando si los padres que optan por llevar a sus hijos a colegios particulares, invirtiendo hasta la mitad de su presupuesto, en el afán de educar mejor a sus vástagos no merecen esta asistencia; o es que el beneficio es solo para aquel que se desentiende y pide todo del Estado (educación, mochilas, computadoras y libros de Baldor). Conocemos cientos de casos en los que los padres tienen para las cervezas y no para los libros de sus hijos porque "son demasiado caros".

Con el asistencialismo, las personas pierden capacidad de iniciativa, pierden creatividad e "impulso vital" cuando pueden obtener del Estado benefactor todo tipo de apoyos. La indolencia corroe el tejido social. Existen jóvenes que jamás vieron trabajar a sus padres con dedicación o esforzarse por crecer día a día, se contentan con poco y el principal ejemplo nace en casa.

Antes de hacerme la pregunta  de por qué nuestro Alcalde eligio el libro de Baldor, me pregunté porque se sigue enseñando con este voluminoso libro desde hace medio siglo y nuestros bachilleres se hacen trabalenguas mentales con una regla de tres o en las mesas de redacción se complican con ejercicios matemáticos simples; hasta el propio burhomaestre se hizo nudos con las tarifas de los radiotaxis por falta de pericia aritmética.

Hay muchas otras cuestiones que preguntarse empezando por qué hacemos determinadas cosas cuando somos autoridaes, por ejemplo dar bonos, mochilas y computadoras, por lo que a mi respecta me sienmto feliz de no haber recibido estas asistencias y más aún porque teniendo progenitores con limitaciones económicas me procuraron la mejor educación, aunque ello les haya llevado a muchas privaciones.

Ernesto Murillo Estrada

Atrapados y sin salida Hace mas de un año

Los hinchas de San José han convocado para el jueves 18 a una marcha contra los dirigentes del fútbol y en particular contra Carlos Chávez, uno de aquellos "vivillos de la sociedad" que se ha enquistado en la Federación Boliviana de Fútbol.

Como ocurrió en Cochabamba hace pocos días, los orureños protestarán, seguramente meterán en la bolsa de corruptos al dirigente de San José y la Asociación de Oruro, que votaron por Chávez y se postraron de hinojos, pero no podrán mover nada porque ese feudo tiene unas fronteras infranqueables.

La única forma de sacar a Carlos Chávez Landívar es que los dirigentes se pongan de acuerdo, obren rectamente y digan no más al cinismo, pero al primero que se atreva a tirar la piedra, Chávez le cantará la vida y le dirá,  "pedazo de sinvergüenza, no te he llevado de viaje, no te he dado dinero, no te he llevado a esa parrrillada, a ese club y así me pagas..." y el que tiene la piedra en mano la dejará caer sobre sus pies.

Ya le pasó a Guido Loayza a quien le recordaron su gris pasado, le pasaron la factura de las deudas, las entradas al Mundial y el dirigente no pudo seguir con su argumento.

Le pasó al dirigente de la Asociación de Fútbol, un innombrable y cínico por antonomasia. Ayer opositor y hoy alfombra de Chávez; éste, tras ganárselo le hizo viajar a Estados Unidos, donde por sus medios propios, el dirigente de marras no iría. Ahora fue nombrado en la Comisión Seleccionadora, pese a que en su vida pateó un zapallo y de políticas deportivas sabe como un agricultor de la teoría de la relatividad; además de haber llevado el fútbol paceño a las alcantarillas, ahora pontifica y habla de quién puede ser el técnico de la Selección.

El Presidente de la Liga a quien lo desconoció su propio club, se aferra al cargo en la Liga y ese es otro botón de la iniquidad porque ese grupo de "salvajes deportivos", gobierna esta actividad a su manera, de manera que antes de pedir la renuncia de Chávez, habría que pedir la renuncia de los que votaron por él, no por el error, sino por el oscuro manto que encerró tal votación. Ya había ocurrido en 1985 con Romer Osuna, otra elección de película, donde se gestó la elección de uno de los caudillos bárbaros del fútbol.

El Gobierno no puede intervenir porque hasta la delñincuencia tiene un manto protector, en este caso la Confederación y luego la FIFA, además el Gobierno no cuenta con la persona para el cargo, porque sus exponentes son todos futbolistas, que ayer le dieron bien al cuero, pero no les alcanza el cacumen para hablar de políticas deportivas, ni menos marcar línea.

De manera que habrá que decir que en el fútbol estamos "atrapados y sin salida", como aquella célebre película de los años 70 en la que McMurphy tras cometer estupro se ve ante la disyuntiva de ser encarcelado o fingir demencia para ser recluido en un hospital psiquiátrico; ésta es parte de la trama en la que Jack Nicholson da vida a ese personaje que termina siendo tratado como un verdadero deteriorado mental sin estarlo realmente.

En este caso no se trata de locura sino de cinismo. Chávez (el nuevo caudillo deportivo bárbaro) y su pandilla saben que son cínicos, pero juegan al papel de hombres acrisolados, saben que si salen a la palestra pública deberían ir a un juzgado, por eso se metieron en el psiquiátrico del fútbol, donde todos se conocen sus bribonadas, pero nadie tira la primera piedra.

Los locos están afuera, en las tribunas, son los que creen en el fútbol, pese a las palizas que reciben las selecciones y equipos, creen en gran parte de la prensa, pese a que la mayoría de sus exponentes se preocupa por la forma y no por el fondo del problema.

Ahora metieron en la agenda el tema del entrenador y le dan vueltas al asunto, así la opinión pública se olvida de las bribonadas de Chávez, Lozada y compañía. Si quieren contratar un técnico vayan a Europa, traigan a un técnico trabajador y un preparador físico exigente, que discipline a los jugadores, que les hag trabajar en serio y vayan sacando a los indisciplinados; tal vez en cinco o diez años empiecen a verse los primeros frutos y el futbol boliviano salga de su lentitud exasperante. Pero a los dirigente les gusta  hacerse vender humo y luego vender humo a la afición, es que estamos atrapados y sin salida.

Parafraseando a un filósofo se podría decir que el fútbol boliviano es como el ciego que busca en un cuarto oscuro un trapo negro que no existe.

Ernesto Murillo Estrada

La calle es de todos Hace mas de un año

La expresión la calle es de todos, no es más que una verdad de perogrullo o una perogrullada, pero si se busca el complemento la frase queda clara, por ejemplo decir que la calle es de todos los que protestan, entonces, le habrán dado a la expresión un contexto exacto.

La calle pertenece en estos días alos jubilados que decidieron bloquear las principales esquinas del centro paceño; es de los estudiantes y padres de familia del último curso en El Alto, que no contentos con recibir la computadora en la escuela, ahora la quieren para su domicilio y más tarde pedirán una mejor marca, un cargador de baterías y un escritorio; también la calle es de los que ahorraron comprando un coche sin papeles, quienes no han mirado el rostro de quien les ha vendido, no han firmado un solo documento y ahora le exigen al gobierno que se vuelva a colocar una venda en los ojos y firme una segunda nacionalización.

Hace pocos días, los dueños de los anaqueles y puntos de venta en las calles pidieron que el Alcalde firme una resolución por el que esos espacios pasen a su propiedad por los siglos de los siglos, de forma que a la muerte del comerciante la herede el hijo, el nieto, el bisnieto y cuanta descendencia venga a la tierra.

La calle en la Eloy Salnón y adyacentes es de los comerciantes que no contentos con adueñarse de la acera ahora colocan voluminosos cajones en la calle, para que ningún "imbécil" se atreva a parquear su coche aunque sea por unos cuantos segundos. También la calle es de los que tienen sus tiendas de abarrotes, quienes decidieron sacar sus productos a las calles y dejar la tienda semivacía.

Solo falta el último detalle que lo pondrá el Alcalde, seguramente acompañado de su presidente del Concejo, para recordarnos que no podemos caminar por algunas calles porque pertenecen a los artesanos, comerciantes, movimientos sociales, movimientos culturales, movimientos deportivos o cualquier movimiento.

Es evidente que todo el mundo tiene derecho a protestar; desde el abuelo que reclama que lo traten igual que al resto, hasta el joven que gustaría tener una computadora en casa, pero debe haber un margen de tolerancia con el resto de la población llamémosla "imbécil", porque no logra entender los derechos de los otros, pero sí se dio cuenta que él no tiene derechos porque debe caminar hasta su fuente de trabajo u otro cometido, a pie, dribleando a los marchistas, escuchando petardos, tragándose el sol con sus niños a cuestas y sin derecho a hablar o protestar, porque los marchistas aparte de privarle sus derechos le maldecirán y le colocarán todos los adjetivos en un santiamén.

Está claro que la calle es de todos, no es una perogrullada, es una mentira.

Ernesto Murillo Estrada