PublicidadPublicidadPublicidad
 

Blog de Emebol

Tarifa a la incomodidad

Tropezó al subir y en el afán de evitar la caída, estrelló la frente contra el techo del minibús, lanzó una imprecación entre dientes y se acomodó en el asiento más incómodo de ese vehículo (digo incómodo porque hasta llegar a su destino tuvo que bajar y subir nuevamente cuatro veces para dar paso a los que estaban apretujados sentados atrás).

¿Se hizo daño señor?, preguntó una señora. "No, es mi estilo para subir a los minibuses", contestó con sorna el adolorido pasejero, quien se frotaba la cabeza, no sé si encontrando alivio o un poco de sangre.

Cuando intentó pagar el servicio con un billete de 20 bolivianos, el chofer "lo quemó" con la mirada y le pidió "sueltitos nomás". Entre el tira y afloja pasó al menos un minuto, porque el pasajero hurgaba entre los bolsillos alguna moneda y el chofer malhumorado sacó de una bolsita, sobre la que estaba sentado, un montón de monedas que alcanzó de mal humor. Atrás del vehículo otros minibuses bocineaban sin cesar, los más lanzaban sapos y culebras, mientras uno de los pasajeros echó leña sobre la hoguera al decir "apúrese pues maestro".

Este pequeño sainete lo vivimos todos los días al precio de Bs 1,50, pero ahora, los principales actores (choferes) quieren que el espectáculo valga Bs 2, y no porque cobren más los otros actores, ni porque mejoraron los asientos o se quitó el mal olor a las butacas; nada de eso. El argumento es claro: todo ha subido y los únicos que no hemos hecho subir nada somos nosotros.

Me dicen que la idea de los minibuses nació en la gestión edilicia de la señora Mónica Palenque y es probable que entonces no se haya mirado el bosque sino solamente el árbol, porque con el paso de los años, los minibuses se han convertido en problema catastrófico y han dejado de ser la solución, que seguramente en algún momento lo fueron.

El problema no está en los 0.50 centavos, sino en un medio de transporte no convencional que solucione al diario calvario de niños que salen de las escuelas, señoras que deben llegar a tiempo para preparar el amuerzo y miles de trabajadores que quieren estar con la familia al menos algunos minutos. Y los minibuses no son la solución.

De este problema se aprovecharon los taxistas y radiotaxis que cobran lo que quieren que preguntan a dónde se quiere ir y, si no les convence el destino y el dinero, dejan al pasajero con la pregunta en los labios y siguen su marcha rauda en busca de un incauto o necesitado al que lo exaccionan.

En esto si tiene la culpa el alcalde Revilla que se puso a hacer números y complicó el problema, aupando el alza de los radiotaxis. Alguna vez en Ecuador le decían al candidato Bucaram que haga lo que quiera en sus actos de proclamación "que haga lo que quiera, pero por favor que no cante", A Revilla habría que decirle lo mismo: "que opine, que dialogue, que busque soluciones, pero por favor, que no haga números".

El problema central del transporte no son los 0.50, sino el problema de cómo evitar la congestión de vehículos. Todos anuncian que van a la Pérez y no debe ser así. Todos quieren bajar donde quieren habiendo impuesta la palabra "aprovecharé", y no debe ser así. Los minibuses son para gente de talla pequeña y ágil, cualquiera que tiene más de 1,70 entra doblado, viaja incómodo y sale descoyuntado de los minibuses. Conclusión: por el centro a cinco cuadras de la famosa Pérez no debe haber paradas.

Una teoría fisica aplicada al transporte paceño diría: Hay que aplicar la fuerza centrífuga y no centrtípeta, eso quiere decir, de la Pérez a cualquier parte, pero a la Pérez solo unos pocos. Si a ello se suma el paso de los minibuses a los buses con capacidad para 60 personas y evitar el parqueo en las arteria en todo el casco central, tal vez nos evitaría decenas de problemas y hasta pagaríamos con alegría los 0.50 reclamado hoy por los señores choferes.

Ernesto Murillo Estrada

facebook twitter