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Blog de Emebol

Una casta privilegiada

El dirigente extranjero, mientras arengaba a su pares bolivianos, les decía que "todos ellos pertenecen a una casta", a un grupo selecto, claro está que luego añadió "que trabajan para el deporte".

Hombres de loción penetrante que se pasan viajando, dizque para inspeccionar juegos y obras, estos dirigentes deportivos se oponen a que nadie asome sus narices por su feudo porque solo los elegidos pueden atisbar ya que ninguno tiene ese linaje. Son personas parecidas a las castas indias, porque son grupos cerrados vinculados a lo hereditario.

Amparados en una Carta Olímpica, las llamadas FIFA y Conmebol o reglamentos que ellos mismos confeccionan, enrostran al que se acerca, que deben guardar prudente distancia porque la ciencia del deporte les pertenece en exclusiva, ya que ellos son señores independientes, que sus estatutos los erigen en seres a los que nos se puede investigar, no se les puede preguntar y menos sospechar de su inmaculada alcurnia.

Los vi hace algunos días en una reunión, irrespetuosos al extremo, patanes a la hora de responder, hablando ex cathedra ante las consultas simples y pasando por hombres finos a la hora de ingerir alimentos aunque pronto la gula los baja del pedestal y los convierte en simples mortales.

Estos "hombres de casta" se pasan el año viajando, haciéndose atender como duques, por los gobiernos que caen en sus redes, mientras los que les brindan atenciones creen que cumpliendo esa tarea se acercan a estos extraterrestres.

Qué lejos están estos hombres de los principios inculcados por el fundador del olimpismo moderno, el Barón de Coubertin, quien se rodeó de hombres con suficiente dinero y tiempo para emprender la tarea del deporte.

Hoy el mundo ha cambiado, los valores no, pero los personajes sí, por eso vemos los Blatter, Grondona, Chávez, Osuna y compañía y otros cientos en el Movimientos Olímpico cuyos principios fueron arrastrados a las alcantarillas por esta casta privilegiada.

Es fácil entender por qué estos hombres se eternizan en el cargo, juegan al pasanaku en la dirigencia y ven con asco al resto de los seres que creen todavía en los principios deportivos. Es fácil entender por qué mucho de estos hombres no tienen otra actividad que el ser dirigente.

Decía Coubertin que el deporte "es el fenómeno del siglo XX"; lo que le faltó decir es que esta expresión humana tan válida ha caído en manos de extraterrestres que se burlan de esos principios y han convertido el deporte en un narcisimo maloliente.

Por supuesto que muchos dirán: Yo soy dirigente y no me pueden meter en esa bolsa y la respuesta inmediata es esta: ¿y qué ha hecho usted para denunciar a la casta y por quér calla y deja que sigan así las cosas?

Ernesto Murillo Estrada

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