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Blog de Emebol

Aquella página enlodada

Tenían derecho a voto las asociaciones provinciales, las departamentales y los clubes de la Liga. Se había instalado la sala de reuniones cerca al hospital Viedma y Edgar Peña Gutiérrez, entonces presidente de la FBF, estaba obligado a dejar el cargo, de manera que aparecieron dos candidatos: José Saavedra Banzer y Romer Osuna Áñez.

Peña ya se había ganado un puesto en la Confederación y necesitaba un delfín en la Federación, de manera que apadrinó al vendedor de artículos deportivos, que era casi un desconocido dirigente cruceño.

Aquel día de 1986 marcaría el inicio de la próspera carrera a costa del fútbol de quien saldría elegido, porque los dólares y viajes empezaban a llenar los ojos de los dirigentes que llegaban a la Confederación Sudamericana de Fútbol. Se habían acabado los días en los que se debía aportar al fútbol; ahora había que vivir del fútbol.

Era un día sábado. Saavedra Banzer llegó con aire triunfal, estiró el pescuezo, sonrió ante los aplausos de los dirigentes y ninguneó a los cuatro periodistas deportivos de entonces, dos de ellos del valle y uno que llegó con la delegación cruceña, más el que escribe.

El asesor de prensa de Saavedra, más "estirado" que el jefe, con una gran pinta y en la misma proporción limitado para razonar, le dijo al candidato Saavedra. "Ya hemos ganado jefe, no creo que Osuna se presente a la elección". Parecía tener razón porque en la primera reunión se podía observar en el salón: en el sector derecho al menos 50 votantes de los clubes ligueros de La Paz Cochabamba y el occidente, la mayoría de asociaciones departamentales y todas las delegaciones provinciales (Villazón, Quechisla, Huanuni, Colquiri, Quillacollo, Uncía, Riberalta...), todos ellos con derecho a un voto. En el sector izquierdo no más de 15 delegados trataban de dar ánimos al dirigente cruceño.

La suerte, aquel día sábado parecía estar echada, de manera que Saavedra, su amanuense y el circulo cercano que lo rodeaban se retiraron a su hotel de lujo. Cuando el reportero le pidió una entrevista, éste le respondió: "Mañana cuando termine la elección".

En tanto, el grupo de Osuna empezó a trabajar. Ya en horas de la tarde llegaron dos espectaculares damas que aparte de lucir sus atributos físicos terminaron por desconcentrar a la mayoría de los delegados asistentes a la reunión, en particular a los provinciales.

De la habitación de José Requena (+), (más tarde conocido en el ámbito futbolítico como el dirigente del maletín negro) entraban y salían dirigentes. Es que el sector del candidato Osuna había establecido su cuartel en ese hotel.

Al día siguiente se produjo la elección y en el salón se advirtió un movimiento inesperado, un enroque sensacional: los 15 se convirtieron en 50 y los 50 en 15, de manera que Saavedra le preguntó a su jefe de prensa ¿Qué ha pasado?, el aludido trato de encontrar respuesta en los periodistas vallunos y en el paceño, pero éstos solo sonrieron ante el que un día antes miraba "con cara de asco" a los reporteros.

La votación fue nominal y por cada cuatro Osuna se escuchaba un voto para Saavedra Banzer. Éste, ofuscado, saludó al ganador y se fue del salón, mientras su jefe de prensa miraba estupidizado el final de ceremonia.

"Dale a esos dinero para que vayan a comer a Quillacollo y lo que les corresponde, nosotros nos vamos al Escudaño, vamos Rómer, vamos", dijo Requena, mientras miraba con recelo al novel periodista paceño que escuchaba las órdenes y quedó como mudo testigo de lo que ocurrió en ese par de jornadas.

Días más tarde y cuando la Selección se entrenaba con Chamaco Rodríguez en la zona de Huarina y estaba alojado en un hotel, frente al actual edificio de la Facultad de Derecho, una bomba explotó en la puerta de de ese alojamiento. Osuna decidió trasladar el cuartel de operaciones del equipo verde a Santa Cruz y luego llevó tranquilidad a Paraguay y Brasil, los rivales de esa eliminatoria, tras determinar que Bolivia jugase sus partidos de local en el estadio Willy Bendeck, hoy Tahuichi, bajo la dirección de Raúl Pino.

No sé si por premio o porque es un hombre sagaz, a los pocos meses Osuna fue elegido como tesorero de la Confederación, cargo que ejerció durante 27 años y cuando el peso del tiempo encorvó su figura, cedió el puesto a Carlos Chávez, quien actaulmente cumple esa tarea, luego de haber movido sus fichas en los congresos del fútbol boliviano, donde se habla de cuánto toca a cada quien y nunca de fútbol.

El actual tesorero debe ser tan hábil como su maestro Osuna, ya que también sabe mover sus fichas y a falta de Requena apareció un tal "Tico" Lozada, de manera que para citar un simple ejemplo puso de rodillas a su  rival más enconado (el dirigente del fútbol paceño), convertido ahora en amanuense del cruceño y en su principal defensor.

Esta historia debía escribirla en 1986, pero entonces era solo un reportero radial, no me llevaba muy bien con la escritura, y me parecía asqueante la historia. Ahora que saltó la bomba de la corrupción en el fútbol mundial y el pestilente problema salpica a los dirigentes del fútbol sudamericano, me parece oportuno escribir esta página enlodada, porque el fútbol es un negocio que no huele bien.

Ernesto Murillo Estrada

 

 

 

 

 

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