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Blog de Emebol

Entre el palo y la zanahoria

Para el filósofo inglés Jeremy Bentham, toda acción humana es impulsada por la evitación del dolor y la consecución del placer. Él parte de aquella leyenda  que cuenta: si deseas conseguir que un burro se mueva, es necesario colgar una zanahoria de la punta de un palo, justo fuera del alcance de la boca del burro.

Hoy en día se podría leer: la zanahoria es el empleo y el palo es el miedo a perder el empleo. Le ha ocurrido al presentador Enrique Salazar, quien a menos de dos días de haber sostenido un encuestro ríspido con la Ministra de Comunicación, perdió su empleo.

A Salazar le quitaron la zanahoria y le dieron con el palo del despido, porque si los gerentes no obraban así, perdían la zanahoria de la publicidad estatal y recibían el palo de la presión; así de simple y claro.

Al menos un par de mis amigos que dirigen medios de los llamados independientes me hablaron, no hace mucho, de sus penurias económicas, porque el Gobierno les cierra la llave de paso de la llamada publicidad estatal. No hay zanahoria para ellos.

Para frenar algunos abusos de los periodistas y medios (que sí existen) se aplica el término autorregulación, que no es otra cosa que medir el comportamiento profesional del comunicador en determinadas situaciones en las que se compromete la honorabilidad del otro. Sin embargo, se ha llegado al extremo en casi la mayoría de las noticias hablan del presunto, ladrón o asesino, cuando el hecho es in fraganti...

Es cierto que el señor Salazar se excedió, vaya uno a decir si poco o mucho. Es evidente que el caso ameritaba una disculpa, como decenas de veces deberían disculparse, el presidente, el vicepresidente, el canciller y otras autoridades, por su ex abruptos. Tal vez, Salazar merecía una severa sanción y amonestación.

Pero el caso reciente muestra que a Salazar le dieron con el palo más grande; es decir hubo una desproporción entre causa y efecto.

El problema es que muchos de los comunicadores, (menos mal, no la mayoría), se quedarán mirando el palo y no la zanahoria, razón suficiente para volver a leer "El miedo a la libertad" de Erich Fromm.

Ernesto Murillo Estrada

 

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